No creo que sea completamente inútil para contribuir a la solución de los problemas políticos distanciarse de ellos algunos momentos, situándolos en una perspectiva histórica. En esta virtual lejanía parecen los hechos esclarecerse por sí mismos y adoptar espontáneamente la postura en que mejor se revela su profunda realidad.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET

lunes, 2 de abril de 2018

El gran nivelador de Walter Scheidel, Progreso de Johan Norberg, y, dos caras de la realidad.



Dos libros que perfectamente se complementan a pesar de dejar en el lector sensaciones muy diferentes, uno induce al pesimismo, el otro a lo contrario: de Scheidel se deduce que la desigualdad es desde la Edad de Piedra hasta hoy un mal intrínseco a la humanidad que sólo se ha podido paliar por la violencia o las catástrofes.
Muy al contrario el mensaje de Johan Norberg es complaciente, vivimos el mejor momento de nuestra historia, y somos testigos de una mejora sin precedentes en los niveles de vida de la población mundial.

El gran Nivelador, violencia e historia de la desigualdad desde la Edad de Piedra hasta el siglo XXI (Ed. Crítica), muy influido por Thomas Piketty como indica su autor, plantea la evolución de la desigualdad demostrando que los momentos en los que han aparecido estos cuatro factores: guerra, revolución, colapso de los estados y grandes epidemias, han sido los únicos momentos en los que ha disminuido la desigualdad, pero es que hoy “… la desigualdad no solo la crean los multimillonarios. El 1 % de las familias más ricas del mundo actualmente poseen algo más de la mitad de la riqueza privada global neta. Incluir los activos que algunos de ellos poseen en paraísos fiscales inclinaría aún más la balanza. Esas disparidades no solo obedecen a las enormes diferencias en ingresos netos entre las economías avanzadas y las economías en vías de desarrollo. Dentro de las sociedades se dan desequilibrios similares. En la actualidad, los veinte estadounidenses más ricos tienen tanto como la mitad de las familias más pobres juntas, y el 1 % de los ingresos más altos supone una quinta parte del total del país.”
Fundamentalmente por medio del coeficiente de Gini y los porcentajes de ingresos o riquezas totales, Scheidel calcula la desigualdad aunque no pasa por alto que su libro no alcanza otras fuentes de desigualdad como el género y la orientación sexual; en la raza y la etnicidad; y en la edad, la habilidad y las creencias, al igual que las desigualdades en la educación, la sanidad, la voz política y las oportunidades de vida.
El gran nivelador es un libro inquietante porque explica que todo orden humano, incluido el Estado, contribuye a la desigualdad, de ahí que acontecimientos como la caída del Imperio Romano, la epidemia de Peste Negra en la Europa medieval del siglo XIV que cuando empezó a amainar en Europa, las travesías españolas por el Atlántico desataron en el Nuevo Mundo una serie de pandemias igual de masivas y puede que aún más catastróficas, las grandes revoluciones del siglo XX como la rusa o la china (más que la francesa del siglo XVIII aunque esta provocó un incremento relativo del 70 % en los ingresos del 40 % más pobre tuvo que suponer una mejora importante para los elementos más desfavorecidos de la sociedad francesa) o las dos guerras mundiales del siglo XX redujeron, pero sólo temporalmente, la desigualdad. Algo curioso para el lector español: si las guerras civiles contribuyen a disminuirla, la española no: “Pese a las similitudes superficiales en cuanto a la caída de los porcentajes de ingresos más elevados y la compresión de los salarios, la desigualdad en España se desarrolló de manera bastante diferente a otros países europeos de la época.
A diferencia de los contendientes de la segunda guerra mundial y de algunos de los países tangenciales, no hubo impuestos progresivos y la desigualdad de ingresos general no disminuyó. Coincido con  Prados de la Escosura  en que la distinción entre España, donde la guerra civil tuvo un efecto divisivo de la sociedad, y la mayoría de los países occidentales, donde las guerras mundiales normalmente aumentaron la cohesión social, puede ser relevante para comprender la etapa de posguerra.”
No obstante, en términos generales a lo largo de la historia, cuanta más violencia había, ya fuese por una guerra o una revolución, más eficaz podía ser el igualitarismo.
Ya se habrá dado cuenta el lector del nivel de documentación del libro que además en la edición de Crítica tiene gran riqueza en figuras, tablas, notas, apéndices…
Una reflexión importante sobre la actualidad se hace Scheidel que puede enlazar con Progreso de Norberg: si hoy estamos en cuanto a bienestar material en el mejor momento de nuestra historia, ¿cómo es posible que vivamos una era del descontento donde las sociedades denuncian tanta injusticia? La respuesta está en que medimos nuestro estado en comparación con los demás, no en nosotros mismos.
“Durante miles de años, la historia ha alternado largos periodos de desigualdad crecientes, alta y estables con compresiones violentas (…) Si hemos de guiarnos por la historia, una reforma política pacífica podría ser desigual  para los desafíos cada vez mayores que se avecinan. Pero ¿qué hay de las alternativas? Todos aquellos que valoramos una mayor igualdad económica haríamos bien en recordar que, con las más raras excepciones, siempre ha venido acompañada de tristeza. Cuidado con lo que deseas.”
Lo dicho, un libro esencial que deja pensando.

Progreso: 10 razones para mirar al futuro con optimismo (Ed. Deusto con la colaboración del Instituto Juan de Mariana y Value School), es todo un canto neoliberal a la Globalización, no en vano el prólogo de Juan Ramón Rallo apunta en esa dirección:
“La globalización sí es uno de los factores que explican el progreso social que está experimentando la mayor parte del planeta durante las últimas décadas. La existencia de un bazar global ha permitido extender hasta todos los confines del planeta la división del trabajo y la división del capital.”
Y es que Johan Norberg lo tiene claro, “La gran noticia de nuestro tiempo es que somos testigos de una mejora sin precedentes en los niveles de vida de la población mundial”.
Diez baremos, cito algunos ejemplos que aparecen, también hablamos de un libro que suma a una impresionante documentación una edición excelente para plasmarla:
Alimentación: la desnutrición en 1950 había caído hasta el 50% y hoy afecta 10% de la población.
Saneamiento: el porcentaje de la población mundial con acceso a fuentes de agua potable ha aumentado del 52% en 1980 hasta el 91% en 2015.
Esperanza de vida: de los 30 años a finales del siglo XIX hasta los más de 70 años en la actualidad.
Pobreza: a principios del siglo XIX el 94% de la población mundial vivía con menos de de 1,9 dólares al día (de hoy). En 1980 la población en condiciones de pobreza extrema se había reducido hasta el 44%. Hoy por primera vez en la Historia es el 10%, y ello  pese a que la población mundial ha aumentado en dos mil millones de personas durante los últimos 25 años.
Violencia: el siglo XXI sería un siglo netamente pacífico en comparación con cualquier otro
Medio ambiente: las sociedades a medida que se enriquecen protegen más el medio, en el mundo hoy se vierte menos petróleo, se ha frenado la deforestación…
Alfabetización: el analfabetismo estaba en el 90% a principios del siglo XIX y hoy está por debajo del 10%.
Libertad: se ha reducido a casi cero la esclavitud cuando dos siglos atrás era del 60%.
Igualdad: Minorías étnicas, mujeres u homosexuales, el mundo ha avanzado más durante las últimas décadas que en toda la historia. De hecho, según Norberg la prosperidad llega como consecuencia de la extensión de las libertades individuales y los derechos de propiedad.
Y la próxima generación: todos los factores así lo demostrarían porque para el autor cuanto más sabemos al respecto más incidimos en ello.
“Este progreso empieza a desarrollarse con la Ilustración y sus grandes avances intelectuales, que se dan entre los siglos XVII y XVIII y nos ayudan a examinar el mundo a través de las herramientas del empirismo. Poco a poco aumenta el escepticismo ante las autoridades, las tradiciones y la superstición. El corolario político de este cambio es el liberalismo clásico, que rompió las cadenas del autoritarismo, la esclavitud y los privilegios. Y, no lo olvidemos, la Revolución Industrial transformó la economía a lo largo del siglo XIX y ayudó decisivamente a vencer la incidencia del hambre y la pobreza. Estas sucesivas revoluciones bastaron para liberar a gran parte de la humanidad de las duras condiciones de vida que, hasta entonces, eran habituales. Más recientemente, en las últimas décadas del siglo XX, la globalización ha contribuido a que estas ideas, libertades y avances tecnológicos se extiendan por todo el mundo, ampliando y acelerando el alcance del progreso”.

Progreso es también un libro necesario hoy, pero se debe tomar con cautela, porque es previa la tesis a su documentación y Norberg ha incurrido en una práctica habitual que es la de adaptar los datos a ella, y no como debería ser en el paradigma científico, llegar a la tesis a través de los datos. Pero ciertamente estos están ahí y hacen de este libro un excelente ejemplo de lo que son lo que hoy llaman “nuevos optimistas” y que exhiben el triunfo de la Globalización.
Lo malo es que la realidad es cambiante y la historia demuestra que no necesariamente lineal, tampoco las ambiciones humanas; además todo lo que se ha quedado por el camino.






Encontrarán numerosas reseñas de libros relacionados con temas similares en el Índice de El Polemista hasta enero de 2018 http://elpolemista.blogspot.com.es/2017/12/indice-de-el-polemista-hasta-2018.html


martes, 13 de marzo de 2018

De héroes y traidores de Santi Vila, y, los escombros del Procés.


Continúa bloqueada la situación política en Cataluña cuando aparece este libro que sospecho tendrá mayor desarrollo a medida que sobre él su autor aporte más datos. Y lo hará, porque se trata de un político que ha errado todos sus cálculos, para empezar no sabiendo cuando irse o hacerlo tarde, veremos cómo le sale esta publicación que certifica y consolida su papel de apestado en el nacionalismo catalán.
De antemano pido disculpas por el exceso de cita en esta reseña, pero la naturaleza del libro hace recomendable que sea el autor quien cuente las cosas.
Pone como ejemplo Santi Vila, -exconsejero de la Generalitat y ex Alcalde de Figueras entre otros cargos en una intensa carrera política- de la infantilización y cierto tufo antisistema en el Procés la frase de Lluís Llach que por otra parte no puede sorprender a nadie conociendo al personaje: Si viviera en Valladolid votaría a Podemos. “Lo más chocante es que todas estas voces revolucionarias consideran del todo compatible su retórica antisistema con formar parte de él, disfrutando sin rubor de sus prebendas, coches oficiales y salarios.”
De héroes o traidores. El dilema de Cataluña o los diez errores del procés o D'herois i traïdors (Ed. Península), puede no ser un ajuste de cuentas pero si hay para todos.
Y sin embargo este pasaje del libro es especialmente esclarecedor de las intenciones reales y la palpable falsedad y deshonestidad de Carles Puigdemont en su exilio palaciego:
“Puigdemont solicitó a los presentes su opinión franca y sincera, dejando clara su preferencia por la convocatoria electoral: “No me veo siendo un presidente virtual, de un país virtual, en una sociedad anímica e institucionalmente devastada”. […] “Me niego a ir por el mundo repartiendo tarjetas de una república inexistente”, remató. Estaba claro que el análisis de Puigdemont era lúcido y, lo más importante, parecía determinado a actuar de forma consecuente.”
Y autocrítica:
“Lo que sí queda para mi tormento y remordimiento como demócrata, como la página más negra de mi currículum como ciudadano y como servidor público, es haber presenciado la sesión plenaria del 7 de septiembre de 2017 en el Parlament de Cataluña, la que aprobó la disparatada ley de desconexión, y no haber dimitido al instante. […] No me queda la menor duda de que tampoco Carles Puigdemont se sintió orgulloso en aquellas horas tristes. De hecho, me consta que intentó evitarla. Su incapacidad de frenar aquel pleno y aquella votación tan hiriente seguramente era el preludio trágico de nuevas y más graves impotencias por su parte.”
Santi Vila, hoy en libertad provisional tras pagar su fianza de 50.000€ para salir de prisión, se siente orgulloso del 1 de octubre aunque fue quien más trabajó para lograr que el 27-O no se proclamase la DUI y se convocaran elecciones, por eso hoy, tras su dimisión y denuncia de los hechos por ejemplo en este libro, es el verdadero “maldito” del nacionalismo catalán.
Vila apunta a Marta Rovira (ERC), Lluís Corominas (PDECat), Jordi Turull (PDECat), Josep Rull (PDECat)… como culpables del constante cambio de opinión de Puigdemont y si a Rovira la define como “mujer intensa, irascible y fanatizada” también tiene para Oriol Junqueras, no olvidemos ahora en prisión:
“Extraño caso es, en cambio, el del doctor Oriol Junqueras, casi tanto como el del doctor londinense de Robert Stevenson. […] Ese hombre, llegada la hora grave, llegado el momento de arrimar el hombro y ayudar al president a persuadir a los suyos sobre la necesidad de convocar elecciones y no proseguir el camino unilateral, pudiera fallarle de un modo tan estrepitoso. Días y días de conversaciones con él mantienen aún hoy en mí la duda de quién es realmente Oriol Junqueras y cuál es su proyecto personal y político para Cataluña”.
Y es que “Hay tres actores que resultaron fatales aquel día: primero, Junqueras, que quiso acusarnos de traidores para sacar rédito electoral en una estrategia que luego se le volvió en contra; segundo, Enric Millo [delegado del Gobierno en Cataluña], un personaje siniestro, que no hacía más que mandar mensajes a Puigdemont para decirle unas cosas que luego no cumplía, y en tercer lugar, y en posición destacada, Santi Vila. Lo filtraba todo para arrogarse el rol de componedor… Aquello fue la perdición para nosotros”.
A la ANC y a Òmnium los define como “la antipolítica”.
Y lo enmarca en un contexto: “El proceso confirma que se ha dinamitado definitivamente la asociación de los valores de pragmatismo y moderación a CiU o el PDECat, y las del radicalismo a ERC. Todo está mezclado. Y a veces, un mismo político tiene momentos extremistas y al mismo tiempo tiene momentos de confusión.”
El que fuera alcalde de Figueras apunta de manera más concreta a los que considera que son los errores que se han cometido, en el marcador del gobierno español y de Rajoy incide en cuestiones que van desde lo cultural a la catalanofobia como valor seguro y su réditos,  pone énfasis contra la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía como la “persecución” judicial del 9-N y el propio carácter de la política española.
Subraya en los errores de soberanismo cómo se ha prescindido de los profesionales de la política y se ha abusado de personajes ajenos a ella más dados a la ocurrencia y la antipolítica, también a la radicalización y al fanatismo que han permitido una deriva hacia la izquierda populista. También no haber sabido entender los resultados electorales de septiembre de 2015 y desde luego el “número” montado estas últimas navidades que han acabado con su carrera política, al menos de momento, y mucho más grave, con el esperpento del palacio “de la república” en Waterloo.
“Poco a poco, quizá sin apenas darnos cuenta, los políticos convencionales perdimos el control de la agenda política y, por miedo a disgustar a nuestro electorado, nos fuimos desfigurando.”

Horas antes de escribir esta reseña escuchaba al propio Santi Vila en la presentación de este libro en Madrid, dejaba algunas perlas que comparto, por ejemplo la idea de un origen común como populista del Procés y fenómenos como Donald Trump o el surgimiento del movimiento 15-M en España, también que “las redes sociales han jugado un papel determinante en este proceso para mal”, no tanto la queja contra Rajoy de inmovilismo en el sentido de que da por hecho que desde el gobierno español se debía haber “dado algo” como si la legalidad por sí misma no fuera suficiente.
Ayer también Vila llamaba a la recuperación del centrismo porque según él es falso que haya dos millones de independentistas y “centenares de miles de ciudadanos que no tienen voz política que les represente”.
Ojalá si trabaja en esa dirección lo consiga.

La edición de península excelente por adaptarse a la perfección al tipo de libro que no deja de ser un documento esencial para comprender cómo se han vivido episodios clave de este Procés que ha desolado Cataluña.

En El Polemista podrán encontrar decenas de reseñas dedicadas a Cataluña, al nacionalismo catalán y al nacionalismo en general desde su inicio:






lunes, 26 de febrero de 2018

Prehistoria y génesis de los nacionalismos vasco y catalán, por Jorge Navarro Cañada.



Hace unos días Antonio Elorza en El País (https://elpais.com/elpais/2018/02/20/opinion/1519149170_807276.html) recomendaba la relectura de “Nacionalismo y política lingüística: el caso de Cataluña” de Thomas Jeffrey Miley (2006); básicamente aquel libro demostraba con criterios científicos que el resurgimiento del nacionalismo catalán y con él la imposición de la lengua catalana era parte de un entramado de las élites catalanas y sus intereses económicos y de clase para a través de políticas promovidas de arriba abajo destruir la diversidad etnolingüística de Cataluña.
Coincidía ello con una pequeña charla que tuve la suerte de dar que titulé con cierta ironía, “Prehistoria del nacionalismo periférico, los casos vasco y catalán” y que sintetizo a continuación:
Desde la Edad Media, mientras el catalán se convirtió en una lengua literaria propia de las clases altas, el euskera no salió de los campesinos y el bajo clero y hasta hace muy poco apenas se hablaba, ha tenido que sufrir un proceso de absoluta reorganización artificial y de imposición en la sociedad para “recuperarla”. Y no es casual que las clases altas vascas a diferencia de las catalanas, no sólo no han estado enfrentadas a España sino que muy al contrario han sido siempre especialmente “colaboradoras”.
Es uno de los motivos por los cuales las clases trabajadoras en Cataluña han sido hostiles al nacionalismo catalán históricamente porque este no tiene otra seña identitaria que la lengua y su origen es el que es.
Pero ello tiene su extensión en acontecimientos históricos esenciales para la comprensión de lo que después sería el nacionalismo periférico; un ejemplo son las revueltas del siglo XVII catalanas y vasca contra la monarquía hispánica. Si en la Guerra dels Segadors de 1640 fueron las clases altas quienes apoyaron y sostuvieron el conflicto incluida la delirante financiación de un ejército francés de 3.000 hombres para conquistar el Rosellón, que ya nunca volvería a ser catalán, ni por tanto español. No es casual que el nacionalismo catalán jamás incluya en su relato histórico el episodio.
Caso muy distinto fue el Motín de la Sal de 1632 en el País Vasco, mientras las clases altas accedían gustosas a la contribución que se les reclamaba por encima del privilegio vasco en la exención del pago de impuestos, fueron las clases humildes las que se rebelaron convirtiéndolo en un conflicto de clase.
Precisamente será más tarde que la argumentación histórico-separatista del nacionalismo catalán pone 1714 como el momento clave absolutamente simbólico en el que Cataluña habría perdido sus privilegios
Y si bien se puede atribuir a Sabino Arana la materialización del nacionalismo vasco cuando el País Vasco es una de las regiones más ricas de España y centro del capitalismo español, fue la pequeña burguesía y el campesinado descontenta con las transformaciones que había traído el capitalismo quienes se sumaron a la nueva ideología.
Y así mientras el nacionalismo vasco será independentista por encima de una concepción de beneficio en términos económicos, el nacionalismo catalán será de inicio federalista, reclamará mayor autonomismo, pero no independentista, sencillamente porque respondía a los intereses de la alta burguesía catalana. No obstante, es la diferencia de desarrollo económico de territorios con el resto del Estado clave para entender el fenómeno de los nacionalismos periféricos.
También la evolución de ambos nacionalismos será radicalmente diferente tras la Guerra Civil como es sabido, mientras el catalán seguirá ocupando espacios de beneficio respecto al Estado, el vasco optará por la confrontación que tuvo su máxima expresión en la banda terrorista ETA. Aunque curiosamente el sentimiento nacionalista entre la población vasca será muy inferior al que gozaba el catalán en Cataluña, será la evolución política de la década de los setenta del siglo pasado lo que en 1980 ya eran equiparables.
Y es que podemos explicar ambos nacionalismos a partir de las diferencias entre el desarrollo capitalista en el País Vasco fundada en bienes de capital, y en Cataluña en bienes de consumo. Así mientras el nacionalismo vasco llamaba a formas de organización precapitalista e identificaciones muy primarias, los catalanes reclamaban desarrollo capitalista. No obstante, y es extensible a otros nacionalismos periféricos, el desarrollo del capitalismo y su especialización económica en un territorio y su interdependencia con el Estado, son decisivos a la hora de perfilarse.
Ello lo mostró magistralmente Juan Díez Medrano en su Naciones divididas (CIS, 1999).
No quiero pasar por alto a pesar de no ser el objeto de este breve texto un fenómeno como el Procés y la forma en la que a partir de técnicas propias del tiempo que vivimos en la política y en la comunicación en general, ha logrado dividir en dos a la sociedad catalana. Pero se trata sin lugar a dudas de un proceso político que se impone de “arriba abajo”, se planifica desde las élites con intereses concretos y logran que el fenómeno arraigue en la ciudadanía.
Quien mejor lo ha explicado es el propio artífice, Artur Mas, que reconocía el engaño “En política muchas veces un argumento se infla. ¿Esto es engaño? Puede llegar a serlo”
El Polemista comenzaba su andadura como blog con España, capital París de Germá Bel (Destino, 2010) http://elpolemista.blogspot.com.es/2011/01/espana-capital-paris-de-germa-bel-y-el.html ,todo un ejemplo de cómo el montaje nacionalista ha ido mutando y cambiando desde entonces. Germà Bel, que era ex diputado socialista y que estaba entonces muy alejado del independentismo es todo un ejemplo de cómo aproximándose de manera nada desinteresada y generando serias dudas acabaría siendo, en pocos años y con una argumentación muy burda, un incondicional del Procés y parte de él, primero por escrito con su delirante Anatomía de un desencuentro o Anatomia d’un desengany http://elpolemista.blogspot.com.es/2013/11/anatomia-de-un-desencuentro-o-anatomia.html y después como diputado que votaría la Declaración Unilateral de Independencia que el nacionalismo hoy define como “simbólica y engaño”.
En El Polemista se puede a través de los libros sobre la cuestión, muchos comentados por sus autores, seguir cómo ha evolucionado la cuestión. Sobre el nacionalismo en general y catalán y vasco en particular, encontrarán decenas de ellos.







miércoles, 17 de enero de 2018

Vidas a la intemperie. Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino de Marc Badal, y, la identidad campesina.


Estamos ante un libro nostálgico de un mundo que da por perdido, lo idealiza aunque no oculta su realidad, cualquier interesado en el tema lo va a disfrutar mucho aunque se le quedará la sensación de ser un libro de emergencia y caótico, se quedará con ganas de más.
“El mundo campesino ha desaparecido. Ha dejado paso al mundo del que proceden los turistas.
Hemos cambiado un mundo sin paisajes por unos paisajes sin mundo.”

Recuperado por la editorial Pepitas de Calabaza, este Vidas a la intemperie aparecía en 2014 editado por Cuadernos de Campo. Marc Badal, un autor muy relacionado con la agroecología y el desarrollo rural no deja indiferente al lector.
El campesino nunca escribió su historia, lo hicieron otros por ellos, normalmente gentes de cultura muy diferente a los campesinos contaron lo que pensaban de ellos, no lo que eran.
Desde el Congreso Inaugural de la Asociación Internacional de Trabajadores (1866) se planteaba al campesinado como un vestigio del antiguo Régimen que debía ser erradicado por ellos mismos en bien de la revolución y el proletariado. En el segundo congreso (1867) Marx impuso la tesis de la colectivización de la tierra en manos del Estado frente a la utopía campesina de pequeños propietarios familiares que defendían Bakunin y Kropotkin. Estos, creían que el campesinado era revolucionario por naturaleza, ponían por ejemplo el caso ruso y los levantamientos de este en los siglos XVII y XVIII. Curiosamente las evidencias apuntaban históricamente en sentido contrario, la clase campesina había tenido tendencia a ponerse del lado de los viejos explotadores, en España tenían el ejemplo del carlismo.
Contra el dogma marxista del desarrollo de las fuerzas productivas que lleva a una sucesión de etapas diferenciadas que van desde el feudalismo al capitalismo como visión lineal de la historia, estos sostienen que en Rusia no es necesario pasar por el capitalismo, se puede directamente hacerlo de la realidad pre industrial al comunismo.
Los naródniki (populistas rusos) apoyaron a Bakunin y Kropotkin y el movimiento tuvo gran impacto, también su intento de “ida hacia el pueblo”, dejar la ciudad, instalarse en el medio rural para realizar un intercambio simétrico con él. Obviamente el campesinado no entendió nada y el experimento fue un fracaso con consecuencias: “Habían aprendido que la teoría de fundirse con el pueblo era válida. Que los ideales campesinos eran susceptibles de adaptarse a los nuevos tiempos. Ya no podían demorar más la confrontación con el Estado y las circunstancias pedían un nuevo tipo de organización (…) fundan el Partido Social Revolucionario de la Voluntad del Pueblo donde no había lugar para la espontaneidad ni para alegres salidas al campo. Estrictamente clandestina y con una táctica bien clara, el terrorismo.”
Llegó la revolución a Rusia, y en los primeros años Aleksandr Vasìlievic Chayánov fue nombrado para diseñar la política agrícola rusa. Lenin quería socializar la tierra y organizar la producción en grandes explotaciones, pero Vasílievic no compartía esta idea que provenía de Marx porque entendía que podía ser viable en Europa occidental, pero el caso de Rusia, como el de Asia y África eran muy diferentes. Así afirmó: “el modo campesino de producción tiene sus propias leyes económicas; es una tarea todavía no realizada por la teoría marxista descubrirlas y formularlas.”
Chayánov estaba convencido de que la nueva agricultura socialista tenía que sustentarse en la agricultura campesina. Defendía la creación de una red de cooperativas locales que se coordinarían de forma vertical sin perder su autonomía y sus peculiaridades. La comuna aldeana en una cooperativa moderna, sus miembros se adhieren de forma voluntaria manteniendo la individualidad económica y la dirigen ellos democráticamente. Por supuesto no contaba con el apoyo del Comité Central, y a la muerte de Lenin en 1924 se imponía el modelo agrícola fundamentado en la colectivización de la tierra y en la planificación centralizada. En 1929 las tierras colectivizadas eran un 7%, en 1936 el 90%. Las nuevas granjas gestionadas colectivamente por los campesinos o por el Estado (koljós y sovjós) esforzadas en cumplir los planes quinquenales.
Chayánov ya solo había dejado su obra para la historia, pero había sido derrotado y además había parecido mostrar su simpatía por los kulaks, la clase de pequeños burgueses rurales contrarrevolucionarios que intentaban minar la política agrícola de Stalin.
Aleksandr Vasìlievic Chayánov lo pagó caro, tras condena a trabajos forzados finalmente fue fusilado en 1937.
En Vidas a la intemperie, Marc Badal cita innumerables personajes, también literarios, Balzac, Zola, Chejov, Maupassant, Hardy, Fernando de Rojas… donde el campesino ha sufrido una generalización peyorativa cuando se convierten en personajes de sus obras o en tema de tertulia de clase alta. Son decenas los tópicos, las simplificaciones y el lenguaje que se usa para ello: paleto, palurdo, garrulo…
Walther Darré, tras estudiar agricultura en Inglaterra y combatir en la I Guerra Mundial vuelve a Alemania para terminar sus estudios. Posteriormente formará parte del Völkisch, movimiento que propugnaba el retorno al campo inspirado por un sentimiento que venía del romanticismo alemán de exaltación de lo popular y lo natural.
Tras plasmar sus planteamientos es invitado a ingresar en el partido nazi y así convertirse pocos años después en nuevo ministro de Agricultura y Alimentación de Alemania iniciando la reforma agraria más ambiciosa de la Alemania moderna.
“La ley creaba la figura del Bauer (campesino), cuyo Erbhof (bien hereditario) era indivisible, inalienable, inembargable, no hipotecable, y estaba exento de impuestos. Su objetivo era proteger a los campesinos de los atropellos del mercado capitalista. Asegurar la permanencia del campesinado en su territorio como base de un sistema agrario vertebrado por la economía familiar. Entre todas las disposiciones de la nueva ley destaca la que establecía que tanto el patrimonio como la cosecha de una familia campesina no podían ser embargados a causa de una deuda con el banco o con el Estado. Darré también logró convencer a varios terratenientes para que cedieran parte de sus tierras y así poder crear nuevas granjas para los campesinos que no disponían de ellas.” Así fue el führer de los campesinos pero también es recordado por su labor científica como experto en genética ganadera.
Defensor de la recuperación de los territorios pertenecientes por derecho a la raza nórdica fue el creador de la doctrina  Blut und Boden, la sangre y el suelo inspiradora de la de política de Hitler Rasse und Raum, raza y espacio.
Dimitió en 1942, después eludió las acusaciones más graves en Nuremberg, fue juzgado por el caso Wilhelmstrasse por lo que estuvo unos meses en prisión y murió alcoholizado en 1953.
Toda la extrema derecha del siglo XX ha exaltado al campesinado como baluarte de la pureza de sangre y de los valores patrios, si lo hemos visto en los nazis, Mussolini defendía la autonomía campesina y Franco proclamaba en 1951 a la agricultura como “una forma superior de existencia que custodiaba la esencia y las virtudes étnicas y nacionales de España (...) la simiente de la raza permanece más pura y la gente vive sus problemas y no está contaminada por la depravación de la ciudad”
José Antonio Primo de Rivera lo había dejado mucho antes más claro: “España es casi toda campo. El campo es España. El que en el campo español se impongan unas condiciones de vida intolerable a la humanidad labradora en su contorno español no es sólo un problema económico. Es un problema entero, religioso y moral (…) El hombre en la ciudad casi no se ve. Está siempre escondido  detrás de su cargo, detrás de su traje. En la ciudad se ve al comerciante, al electricista, al abogado, etc. En el campo se ve siempre al hombre.”
Surgen más personajes en esta primera parte de Vidas a la intemperie, el último no podía ser otro que el turista rural que como aquellos pintores y poetas de lo campestre ignora lo que hay más allá de la imagen inocente y agradable que contempla. Es la contradicción que subyace al turismo.
La segunda parte del libro ya no trata de cómo se ha visto al campesinado, sino de cómo se ve él a sí mismo.
Los campesinos se veían inferiores, siempre alguien ha estado por encima de ellos, también diferentes, conscientes de su territorialidad particular, no sólo con la ciudad, también con el “pueblo” vecino y dentro del propio pueblo la diferencia social es importantísima. Tanto por la ocupación como por la renta; el pastor, agricultor, ganadero, panadero… cada ocupación es absolutamente distintiva y sus jerarquías en cada ocupación también.
El romanticismo veía el campo como la calma donde no ocurre nada, pero el campesino sabía que cualquier cambio en el paisaje es un acontecimiento, la consecuencia entre el territorio y su mirada donde entra la distancia cultural con el urbanita de manera esencial.
Este no ve naturaleza a su alrededor, ve espacio íntimo, el suyo, citando Marc Badal a Josep Pla, “los campesinos vivían en una geografía bautizada”, todo, hasta el último rincón, tenía su nombre. La toponimia es la base del entendimiento mutuo y seña de identidad. Son vidas a la intemperie, pero no solo física, la comunidad aldeana sobrevivió a la etapa histórica que le tocó.
El trabajo campesino es un cúmulo de tareas distintas y siempre cambiantes en contra de la visión que desde fuera se tiene de él, y es uno de los motivos del apego al trabajo en el campo tan diferente al que genera el sistema productivo industrial.
No ha desaparecido un mundo, han desparecido muchos pequeños mundo campesinos.
Y remarco esta frase, sintetiza el espíritu de este Vidas a la intemperie de Marc Badal.
“La comunidad aldeana era una institución que ejercía su soberanía tan sólo hacia dentro. Nunca hubiera tenido la capacidad para desafiar la hegemonía de los centros de poder superiores.
Pero su mera presencia suponía un cuestionamiento irritante para los que detentaban el mando de la casta militar, eclesiástica o social. Aunque en raras ocasiones se enfrentaron abiertamente al Estado fueron su eterno enemigo. Fortines que podían ser conquistados pero nunca llegaban a someterse del todo. Por este motivo, el triunfo histórico del Estado moderno no podía completarse mientras permanecieran las comunidades aldeanas.
Y su táctica no fue otra que la defensa a ultranza de las libertades y los derechos individuales. Defensa que implicaba, necesariamente, la negación de las libertades y los derechos de los grupos naturales.”

Por lo que a El Polemista respecta, el mundo rural ha perdido todas las revoluciones tecnológicas a lo largo de la historia, un simple progreso en sus herramientas genera grandes diferencias sociales entre quien puede adquirirlas y quien no, y desde luego la Revolución Industrial supuso un golpe muy duro.
Sin embargo, Marc Badal se deja llevar por la nostalgia y niega al campo su capacidad de evolución y adaptación. Discrepo en la desaparición del mundo rural, e incluso desde una visión de la historia no lineal ni progresista, si la Antigüedad fue una era de la urbe, la Edad Media lo fue del campo.
Está reciente el éxito de La España vacía de Sergio Molino (Ed. Turner), otro ejercicio nostálgico que ignora elementos de la realidad en función de la idea que intenta transmitir a pesar del buen resultado final. No hace mucho, en una gran revista de libros leía una crítica con buen criterio que tenía un final surrealista y lamentable por el desconocimiento referente a Donde Las Hurdes se llaman Cabrera de Ramón Carnicer, un libro sencillamente inexcusable en la cuestión rural, la real la de aquel 1962 español,  del que tienen reseña en El Polemista entre otros sobre la cuestión del campo profundo y el campesinado sin paliativos de entonces http://elpolemista.blogspot.com.es/2012/07/donde-las-hurdes-se-llaman-cabrera-de.html

Excelente la edición de Pepitas de Calabaza que añade a la edición original el texto Mundo clausurado. Monocultivo y artificialización muy ligado a la actividad del autor y toda una defensa de la insurrección agroecológica aunque realista respecto a su derrota frente a lo ecológico-industrial, cuando menos curioso.


viernes, 22 de diciembre de 2017

Índice de El Polemista hasta 2018.




AÑO 2017

El catalanismo, del éxito al éxtasis I, II y III de Martín Alonso, y, catalanes, ¡el Procés ha muerto!

http://elpolemista.blogspot.com.es/2017/11/el-catalanismo-del-exito-al-extasis-i.html

Escucha Cataluña. Escucha España de Josep Borrell, Francesc de Carreras, Juan-José López Burniol y Josep Piqué, y, 1-O, la pseudo consulta de la vergüenza.

http://elpolemista.blogspot.com.es/2017/10/escucha-cataluna-escucha-espana-de.html

España contra Cataluña: la falacia del nacionalismo catalán, de Jorge Navarro Cañada.

http://elpolemista.blogspot.com.es/2017/09/espana-contra-cataluna-la-falacia-del.html

El Relato nacional. Historia de la historia de España de José Álvarez Junco y Gregorio de la Fuente Monge, y cómo nos hemos contado.

http://elpolemista.blogspot.com.es/2017/07/el-relato-nacional-historia-de-la.html

Españoles en París 1940-1944 de Fernando Castillo y la constelación literaria durante la ocupación.

http://elpolemista.blogspot.com.es/2017/06/espanoles-en-paris-1940-1944-de.html

Hillbilly, una elegía rural de J.D Vance, y, una cultura en crisis.

http://elpolemista.blogspot.com.es/2017/05/hillbilly-una-elegia-rural-de-jd-vance.html

Prisioneros de la geografía de Tim Marshall, y, una visión determinista en pleno siglo XXI.

http://elpolemista.blogspot.com.es/2017/04/prisioneros-de-la-geografia-de-tim.html

Micronacionalismos, de varios autores, y, siete causas que subyacen: Valle de Arán, el Bierzo, Olivenza, La Moraleja, Cartagena, Petilla de Aragón y la Isla de los Faisanes.

http://elpolemista.blogspot.com.es/2017/03/micronacionalismos-de-varios-autores-y.html

Populismo. El veto de los pueblos de Jorge Verstrynge, y, otra defensa del populismo.

http://elpolemista.blogspot.com.es/2017/02/populismo-el-veto-de-los-pueblos-de.html

La guerra alemana, una nación en armas (1939-1945) de Nicholas Stargardt, y, la sentimentalidad como motor bélico.

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AÑO 2016

Los años de Madridgrado de Fernando Castillo, y, Madrid, ciudad “extranjera”, revolucionaria y comunista.

http://elpolemista.blogspot.com.es/2016/11/los-anos-de-madridgrado-de-fernando.html

Born to Run, de Bruce Springsteen, y la honestidad necesaria.

http://elpolemista.blogspot.com.es/2016/10/born-to-run-de-bruce-springsteen-y-la.html

La paradoja del poder alemán de Hans Kundnani, y, la semihegemonía en Europa.

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Gula de María Pilar Queralt del Hierro, y, el país que celebra todo en la mesa.

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Arabia Saudí ante sus desafíos en Vanguardia Dossier (nº 61), y, ¿un proyecto de cambio imposible?

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Acerca de la conquista árabe de Hispania de Felipe Maíllo Salgado, y, la invención mítica de la historia.

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Dioses útiles, naciones y nacionalismos de José Álvarez Junco, Breve historia del mundo de Juan Pablo Fusi, y, necesitados de análisis racional.

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China, la nueva ruta de la seda en Vanguardia Dossier (nº60), y, ¿la expansión china imparable?

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La desfachatez intelectual de Ignacio Sánchez-Cuenca, y, la rebelión de los politólogos (de algunos).

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Negociando con China de Henry M. Paulson, JR, y, ¿el gigante se tambalea?

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Borrados de Omer Bartov, y, ocultar la historia no la cambia.

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La gran guerra de nuestro tiempo de Michael Morell (y Bill Harlow), y, la visión de parte de la guerra contra el terrorismo islamista.

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Tierra negra de Timothy Snyder, y el Holocausto en el mundo de Hitler.

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AÑO 2015

¿Está en declive la democracia liberal? en Vanguardia Dossier (nº 59), y, razones para el pesimismo.

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Populismos, una defensa de lo indefendible de Chantal Delsol, El Populismo de Loris Zanatta, y la anti Ilustración como rebelión contra lo real.

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París-Modiano. De la Ocupación a Mayo del 68 de Fernando Castillo, y, un historiador en el mundo de Patrick Modiano.

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Contra el poder. Conflictos y movimientos sociales en la historia de España de Juan Sisinio Pérez Garzón, y conflicto social frente a conflicto político.

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Refugiados, otro proyecto que desafía a Europa en Vanguardia Dossier (especial, nº 58), y, ¿una amenaza interior y exterior?

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Los tesoros de Bruce Springsteen de Meredith Ochs, y la biografía ilustrada.

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¿Cataluña en la encrucijada? No lo creo. Por Jorge Navarro Cañada

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Bumerán Chávez: Los fraudes que llevaron al colapso de Venezuela de Emili J. Blasco, y, enmienda a la totalidad del “paraíso” bolivariano.

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Grecia en el aire de Pedro Olalla, y, la desafección erudita.

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Gastronomía de Madrid: Cocina, historia y tradición de Ismael Díaz Yubero, y, reivindicando lo autóctono.

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Historia de la edición en España 1939-1975 dirigida por Jesús A. Martínez, y, editar bajo una dictadura.

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Jerusalén de Yotam Ottolenghi y Sami Tamimi, y, la cocina como arma de comprensión masiva.

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Medicina sin engaños de J.M. Mulet, y, frente a la homeopatía, curanderos, charlatanes, pseudociencias… ¡Ciencia!

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ISIS El retorno de la Yihad de Patrick Cockburn, y, JE SUIS CHARLIE.

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AÑO 2014
Outlaw Pete de Bruce Springsteen y Frank Caruso, y, la música ilustrada.

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¡No te prives! Defensa de la ciudadanía de Fernando Savater, y, libres e iguales.

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La Cocina del Alabardero de Luis de Lezama Barañano, y, no solo Dios se mueve entre pucheros.

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La gran vergüenza (La gran vergonya), ascenso y caída del mito Jordi Pujol de Lluis Bassets, Espías de Franco, Josep Pla y Francesc Cambó de Josep Guixà, y, presente y pasado de un proyecto extractivo.

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Delizia! La historia épica de la cocina italiana, de John Dickie, y, la necesidad de una gastronomía ilustrada.

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1714 Cataluña en la España del siglo XVIII de VVAA, y, la Diada de la frustración.

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La cocina de La Moncloa de Julio González de Buitrago, y, en torno a los gustos presidenciales.

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Ucrania y Rusia: evolución y contexto del conflicto, de Jorge Navarro, Rusia frente a Ucrania, de Carlos Taibo, y el estado de la cuestión.

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No vamos a tragar de Gustavo Duch, El fracking ¡vaya timo! de Manuel Peinado, y, alternativas frente al desastre.
Nosotros, los abajo firmantes de Santos Juliá, y, el intelectual como sujeto colectivo en España.
Historia mínima del País Vasco de Jon Juaristi, una respuesta intelectual al mito nacionalista.
Paciencia e Independencia de Francesc de Carreras, y, “avui paciencia, demà independencia”.
¡Matadlos! de Fernando Reinares, y, 11M, el atentado de Al Qaeda y “sucesores” en España.
Breve historia de los nacionalismos europeos de Javier López Facal, y, “los nacionalismos son como el olor corporal; uno no percibe el propio, sino solo el ajeno”.
La invención del pasado de Miguel-Anxo Murado, una enmienda a la totalidad.
Lo que nos enseñan los sabios gastrónomos de Ismael Díaz Yubero, Recetas para un mundo mejor de Grandes Chefs, y, erudición y solidaridad con buen gusto.
AÑO 2013
Anatomía de un desencuentro o Anatomia d’un desengany de Germà Bel, y los números de Artur Mas.
200 años de cocina de Isabel González Turmo, y, la gastronomía desde la antropología.
Homo economicus de Daniel Cohen, y el darwinismo social como dogma.
Hay vida después de la crisis de José Carlos Díez, y, la alternativa keynesiana.
La conservación cultural de la naturaleza de Jaime Izquierdo Vallina, y el saber campesino como gestión del territorio.
Caricaturas y retratos de Julio Camba, y, el cincuentenario oportuno.
Qué hacemos por una sociedad laica de VVAA, y, ¿hacia un Estado laico?
Sano y salvo de Juan Gervás y Mercedes Pérez Fernández, ¿Quién teme al copago? De Jaume Puig-Junoy, y, políticas sanitarias alternativas son posibles.

Historia mínima de España de Juan Pablo Fusi, y la historia como proceso.
AÑO 2012
Una Europa alemana de Ulrich Beck, y, la nueva dominación alemana.
El laboratorio del miedo de Eduardo González Calleja, y el fenómeno terrorista al día.
Burgesos imperfectes de Jordi Gràcia, y, la defensa de la disidencia intelectual.
Historia religiosa del Occidente medieval de José Ángel García de Cortázar, Vida y visiones de Hildegard von Bingen edición de Victoria Cirlot, y, religión e historia, una relación difícil.
La espiral de la austeridad, España intervenida de Economistas aterrados, y, ¿hay alternativas?
Noche y niebla en el París ocupado de Fernando Castillo, y, la atmósfera de la Ocupación.
http://elpolemista.blogspot.com.es/2012/10/noche-y-niebla-en-el-paris-ocupado-de.html
Diccionario Akal de la Homofobia dirigido por Louis-George Tin, y, el lastre de la intolerancia.
En deuda de David Graeber, Keynes, su tiempo y el nuestro de Luis Ángel Rojo, y, otra forma de entender la realidad económica.
El nacionalismo ¡vaya timo! de Roberto Augusto, y la trampa nacionalista.
Julian Assange. Autobiografía no autorizada, y el engaño de las apariencias.
Donde Las Hurdes se llaman Cabrera de Ramón Carnicer, y la edición contra el olvido.
México en la encrucijada en Vanguardia Dossier (nº 44), y, ¿hacia delante o hacia atrás?
La energía después de Fukushima de Cristina Narbona y Jordi Ortega, y, el debate que no se puede posponer.
Para entender la cultura vasca de Bruno Camus Bergareche, y, conocer para comprender.
Los días que vivimos peligrosamente de Mariano Guindal, y, profundizando en el desastre.
Posteconomía de Antonio Baños Boncompain, y el desarrollo humano frente al económico.
¡Acabad ya con esta crisis! de Paul Krugman, y, una propuesta para ello.
Bruce Springsteen en España de Jordi Bianciotto y Mar Cortés, y la visión española de Springsteen.
Gente peligrosa de Philipp Blom, Cartas a Eugenia de Holbach, Memoria contra la religión de Meslier, y, la deuda con la otra Ilustración.
Peridis, los mejores dibujos publicados en El País 2004-2011, y una historia gráfica de la Era Zapatero.
Allí donde ETA asesinó de Willy Uribe, y la búsqueda de la libertad cotidiana en Euskadi.
Europa al borde del abismo de Economistas Aterrados, Más allá del Crash de Santiago Niño-Becerra, y la crisis insondable.
Corea del Sur. El pequeño gigante, en Vanguardia Dossier (nº43), y el empuje asiático.
La Constitución de Cádiz, una mirada crítica de Manuel Moreno Alonso, y las diferentes formas de ver 1812.
El arte de vivir ecológico de Wilhem Schmid, de la conciencia planetaria a la ecología inteligente.
Los españoles ante el cambio de José Ignacio Wert, y la transformación de lo mediático en poder.
Gitanas de Claire Auzias, y la sociología de la integración.
Cataluña ante España de Albert Balcells, y la necesidad de diálogo entre Cataluña y el resto de España.
El gentil monstruo de Bruselas de Hans Magnus Enzensberger, y la deriva europea.
Editores, libreros e impresores en el umbral del Nuevo Régimen de Manuel Morán Orti, y los ciclos de cambio tecnológico.
Blanco bueno busca negro pobre de Gustau Nerín, La globalización de las inversiones en África de Adams Bodorno, Historia del Congo de Isidore Ndaywel è Nziem, y presente y futuro de África.
El paradigma digital de Manuel Gil y Joaquín Rodríguez, y el futuro del libro.
El estado del mundo 2012 (Anuario Akal), y como entender el mundo actual.
El declive de Occidente en Vanguardia Dossier (nº42), y el ¿nuevo? orden internacional.
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AÑO 2011
Alimentos bajo sospecha de Gustavo Duch y las alternativas al modelo alimentario.

La Catalunya Soviètica de Ramon Breu y la fascinación revolucionaria de 1917.
El Comandante de Jürg Amann, y el holocausto sin patologías.
La guerra desde 1900, editado por Jeremy Black, y la Guerra como motor de cambio.
Juan Pablo II y Benedicto XVI de Juan José Tamayo, y el rumbo de la Iglesia católica.
La revolución del Tea Party de Kate Zernike, y el auge de los populismos.
Nueva historia universal de la destrucción de libros de Fernando Báez, Libros y libreros en la Antigüedad de Alfonso Reyes, y, el pasado de los libros.
Raíces profundas editada M.Jesús Fuente y R.Morán, La trampa del velo de Ángeles Ramírez, La lujuria en la iconografía románica de Jesús Herrero Marcos, y la historia de la violencia de género.
El precio de la culpa de Ian Buruma, y las otras memorias históricas.
La próxima década de George Friedman y el futuro inmediato del mundo.
Los fascismos españoles de Joan Maria Thomàs, El ocaso de la verdad coordinado por Antonio C. Moreno Cantano, y la particular historia del fascismo español.
11-S, El mundo diez años después en Vanguardia Dossier (nº41), y ¿en qué hemos cambiado?
Despilfarro de Tristram Stuart, Manual para una economía sostenible de Roberto Bermejo, Agua de Julian Caldecott, y la búsqueda de un planeta sostenible.
Residuals o independents? de Jordi Pujol, y la desafección calculada.
Manifiesto de economistas aterrados (VVAA), Las voces del 15M (VVAA), y el otoño indignado.
Noves glòries a Espanya de Vicent Flor, y, ¿es anticatalana la identidad valenciana?
La historia desde mi balcón de Tomás Alcoverro, y el testimonio directo de los acontecimientos.
China, poder y fragilidad en Vanguardia Dossier (nº40), y las dudas sobre su futuro.
¡Comprometeos! De Stéphane Hessel y los movimientos de Indignados.
Comer animales de J. Safran, Los productos naturales ¡Vaya timo! De J.M Mulet, Lo que hay que tragar de G. Duch, y, ¿Pensamos lo que comemos?
Entender la guerra en el siglo XXI de F. Aznar Fernández-Montesinos, El Club de Lectura de los Oficiales Novatos de Patrick Hennessey, y la guerra que viene.
Palabras como puños dirigida por Fernando del Rey, y la visión objetiva de la Segunda República.
La belleza y el dolor de la batalla de Peter Englund, y el universo sentimental de la historia.
De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak de Anna Grau, El amigo americano de Charles Powell, y el papel de EEUU en el franquismo y la Transición española.
La república islámica de España de Pilar Rahola, Nómada de Ayaan Iris Ali, y el Islam en Occidente.
Toros sí de Salvador Boix, y la defensa de la tauromaquia.
La mort de Bèlgica de Marc Gafarot, y en busca de Cataluñistán
Europa contra Europa de Julián Casanova y la amenaza totalitaria.
Catalunya, España. Encuentros y desencuentros de José Enrique Ruiz-Domènec, y la desafección creciente.
Yo maté a Sherezade de Joumana Haddad, Las tradiciones que no amaban a las mujeres de Mª. Teresa Gómez-Limón.- La Mujer en mundo árabe y el feminismo que viene.
El espejismo nuclear de Marcel Coderch y Núria Almiron y, ¿Nuclear? No sé, gracias.
2011, La Revuelta árabe en Vanguardia Dossier(nº39) y el estado de la cuestión.
Belgistán de Jacobo de Regoyos, y el nacionalismo que viene.
¡Indignaos! de Stéphane Hessel y los últimos coletazos del siglo XX.
El Planeta de los estúpidos de Juan López de Uralde, y el ecologismo que viene.
La España de los otros españoles de Carles Bonet y el encaje de Cataluña en España.
La Santa Ignorancia de Olivier Roy y las revueltas en el mundo árabe.
Las torres del honor de Gabriel Cardona, y el papel del Rey en el 23F.
La nación inventada de Arsenio e Ignacio Escolar, y los mitos nacionales.
A favor de los toros de Jesús Mosterín, y la tauromaquia.
España, capital París de Germá Bel y el debate autonómico
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