Emigrantes. La historia olvidada de la emigración española a Europa (1960-1975), de Joaquín Riera Ginestar. Cuando los españoles emigraban sin papeles, sin trabajo, sin nada.

 

 

“… el número de migrantes que abandonaron España como supuestos turistas y que entraron en los países de acogida con la oculta voluntad de trabajar y, consecuentemente, en situación irregular fuera de tal magnitud que el volumen de inmigrantes legales solo fue superior al de los ilegales durante cuatro años de toda la década de los sesenta (1963, 1964, 1968 y 1969).

Dentro de la emigración al margen del Instituto Español de Migración (IEE) debe indicarse que, igual que muchos inmigrantes irregulares en la actualidad, también hubo españoles que fueron víctimas de redes de tráfico y trata de personas que prometían un pasaje seguro y un empleo a cambio de sumas de dinero considerable”.

Emigrantes. La historia olvidada de la emigración española a Europa (1960-1975)(Ediciones Arzalia), es un libro necesario, ahora más que nunca, no sólo por su calidad, en tanto que relato como documento, lo es como recuerdo a una sociedad que olvida.

Joaquín Riera Ginestar, catedrático valenciano de geografía e Historia, especialista en geografía de la población trata en esta obra el periodo que se explica como consecuencia a la destrucción de la Guerra Civil, la política autárquica del régimen franquista y los posteriores tímidos avances en la agricultura que expulsaron a los cientos de miles de campesinos a las ciudades industriales incapaces de absorber esa masa desocupada. En 1959 el régimen puso en marcha el plan de estabilización y sus duros ajustes excluida del Plan Marshall mientras Europa Occidental de recuperaba del desastre de la II Guerra Mundial. Sus causas, el origen y la peripecia vital de aquellos españoles, fundamentalmente a Francia, Alemania Occidental (RFA) y Suiza es fundamentalmente el contexto en el que se desarrolla este libro.

No es nada casual la coincidencia entre el desarrollismo, también en el plano político, social y cultural, y la emigración, sobre aquellos españoles, su peripecia como extranjeros que no eran bien recibidos y sobre sus duras condiciones se construyó lo que llamarían el milagro español. Sin embargo Joaquín Riera no ha tenido fácil en muchos casos su investigación por todavía quedar en sus protagonistas un sentimiento de vergüenza por lo traumático de la experiencia. Aún así ha conseguido que Emigrantes sea todo un homenaje a aquellos compatriotas que han visto habitualmente tergiversada su vivencia en una nación de emigrantes que ahora lo es de inmigrantes.

Siendo en la historia contemporánea la atracción por un país de mano de obra un signo inequívoco de prosperidad, tras la derrota de Napoleón en 1815 se instauró un sistema de circulación e intercambio de mercancías que necesitaba movimientos humanos para solventar las necesidades del capitalismo industrial. Así entre 1840 y 1980 se sucedieron las oleadas migratorias tanto transatlánticas como intraeuropeas.

En el siglo XIX y principios del XX el flujo migratorio europeo se dirigió a tierras de promisión ultramarinas. Mientras pobres británicos, alemanes, balcánicos, polacos, rusos, escandinavos, griegos… fueron fundamentalmente a América del Norte, españoles, portugueses e italianos (el país de emigrantes por excelencia en ambas direcciones) lo hicieron hacia el Centro y el Sur.

Este movimiento migratorio será opuesto al que se produce posteriormente para los europeos, que lo harán en el propio continente.

Cinco millones de españoles entre 1880 y 1930 fueron a América, en un periodo mucho más corto e intenso, 1960-1975, en torno a tres millones y medio miraron en Europa.

Para el régimen de Franco un país subdesarrollado con una economía tan precaria vio en la migración una válvula de escape para frenar el paro y la inestabilidad social tras años de escasez y autarquía, no olvidemos que junto a las divisas que proporcionaban el turismo y la inversión extranjera en los sesenta, las remesas de los emigrantes fueron decisivas en el desarrollismo español. Aun así se intentó hacer un control sociopolítico desde el régimen aprovechando la condición de ciudadanos de tercera de nuestros compatriotas en los países de destino. Ello a base del fomento de lugares de encuentro, ocio, asociacionismo étnico en cuestiones gastronómicas o folclóricas, incluso se habilitaron asesorías profesionales en las embajadas. Acorde con el Estado, la Iglesia dotaba a su vez de asistencia espiritual, siguiendo la práctica vaticana, creo la Comisión Episcopal de Migraciones (CEM).

Este fenómeno asociativo también se hizo desde organizaciones como el Partido Comunista de España (PCE) o la Unión General de Trabajadores (UGT) a través de casas del Pueblo o círculos democráticos.

A su vez, Francia, Alemania y Suiza trataban de satisfacer sus mercados laborales, pero mientras los franceses diseñaron una política de asentamiento para los inmigrantes y sus familias, alemanes y suizos concibieron la inmigración como un fenómeno temporal y rotatorio asociado a la figura del trabajador invitado.

Un retrato robot de este sufrido emigrante español medio que salió hacia Europa en la fase temporal de 1960-1975 nos diría que su origen era predominantemente rural, de estos un 45% eran jornaleros agrícolas, el 60% de poblaciones pequeñas o medianas, el 95% sólo tenían estudios primarios. El 70% eran varones, el 46% oscilaba entre los 25 y 34 años, solteros un 60,5%, el casado viajaba sólo en primera instancia para después recibir esposa e hijos en un 60% de los casos.

A la altura de 1966, cuando el fenómeno migratorio era muy importante, el 40% de los españoles desconocía la existencia del IEE, cuando en realidad la salida migratoria apoyada por el Estado tenía ventajas, por ejemplo en el caso de la RFA recibía un empleo garantizado por un año con un contrato bilingüe supervisado quedando así a resguardo de la explotación laboral en la economía sumergida. También un alojamiento digno y asesoría del lugar de destino. Aun así la desconfianza en las instituciones españoles y la burocracia, muchas veces corrupta a la hora de selección y gestión del asunto hizo a muchos españoles prescindir de ellas. También influía el temor a la selección por motivos políticos, médicos (el proceso podía ser humillante y por ejemplo en 1969 el 15% de los candidatos a la RFA fueron descartados), profesionales, de género…

Debe remarcarse la abultada siniestralidad en el trabajo que golpeaba a los españoles a causa del ritmo de trabajo, el exceso de horas extras, las dificultades lingüísticas para entender medidas de seguridad… y que en caso de lesión era habitual antes de poder cogerse una baja aceptar cambio de puesto para seguir trabajando. Hay que tomar en cuenta la ocupación, por ejemplo en Suiza en 1968, los hombres trabajaban en la construcción (25,1%), industria (20%), y hostelería 20%. En este sector las mujeres (37,4%) y en el servicio doméstico (14,5%).

El arquitecto, novelista y dramaturgo Mark Frisch (1911-1991) contrariado por las contradicciones en los cálculos del sistema productivo capitalista, refiriéndose a los inmigrantes del Sur de Europa: “Pedimos trabajadores, pero vinieron personas”. En este sentido los prejuicios respecto a la limpieza, seriedad, a veces discriminación y racismo puro y duro fueron frecuentes, de hecho y aunque hubo excepciones, en las horas de ocio las comunidades estaban separadas.

“Con todos los matices y salvedades precisos, , se puede afirmar que la regla fue la discriminación y la excepción la integración. Así, en la medida que los españoles u otros extranjeros intentaron afrancesarse, alemanizarse o helvetizarse en detrimento de su propia identidad (aculturación o asimilación), y con las dificultades que ello comportaba, pudieron ser vistos con simpatía, pero siempre en un riguroso plano de desigualdad (…) La respuesta a la segregación y marginación -y a veces automarginación- de los inmigrantes españoles, pero igualmente de otras nacionalidades, fue el encuentro con otros compatriotas, asumiendo el principio de que las experiencias amargas compartidas son menores, o al menos, lo parecen”.

También hubo diferencias entre migraciones, por ejemplo se produjeron formas de protesta política y social que han permanecido ocultas y desconocidas, el primer lugar porque los exilios españoles tras la Guerra Civil de manera simplista y prejuiciosa recelaron de la migración social posterior por ser un mero producto de la Dictadura, y en segundo por falta de fuentes al respecto salvo a la prensa de los países de acogida, pero cuando citan conflictos lo hacen sin diferenciar unos migrantes de otros tratando a todos como extranjeros.

No obstante las condiciones no fueron las mismas según etapas; al inicio en plena fiebre migratoria, 1960-1965, las condiciones fueron muy duras y el asociacionismo fundamentalmente fue folclórico, en 1966-1967 la breve recesión económica europea frenó las salidas e incentivó los retornos, y por último entre 1968-1975 se acentuó hasta la crisis económica mundial de 1973. En esta época la inmigración española compitió con la yugoslava, y sobre todo con la turca.

El 70% de los emigrados en todo el periodo que ocupa Emigrantes. La historia olvidada de la emigración española a Europa (1960-1975) de Joaquín Riera Ginestar volvieron a su patria. Pero en buena parte no lo hicieron a sus lugares de origen, fueron a ciudades al igual que sus ahorros (que en muchos casos no habían cumplido en absoluto expectativas). Y se encontraron con una segunda emigración, lejos de la idea que traían, volvieron al ruido contante, los horarios intempestivos, el bajo nivel salarial, el precario sistema de seguridad social, también con la percepción de ellos como algo exóticos y nuevos ricos.

Para hacerse una idea, un 72% de los que habían vuelto de Europa hasta 1978 estimaban que encontrar trabajo había sido su mayor dificultad en toda una muestra de además, el desaprovechamiento que se hizo de una mano de obra cualificada en tecnologías más avanzadas.

“Es indudable que los españoles que se acercan prejuiciosamente al fenómeno de la inmigración en España en el siglo XXI lo hacen en gran parte cegados por la desacertada comparación que realizan de los muchas veces caóticos movimientos migratorios actuales con una idealizada composición de lugar de la emigración española; con una imagen ficticia que está totalmente alejada de lo que realmente significó  aquella amarga salida de millones de españoles en busca de unas condiciones de vida más dignas en países extraños donde sufrieron indeciblemente”.

Emigrantes incluye anexos, un práctico índice de siglas y la correspondiente bibliografía y una ilustrativa selección de fotografías en una buena edición.

Estamos ante un excelente libro que sería muy edificante que generara debate y comentario.

Estos temas y relacionados han sido tratados a lo largo de los 15 años y cientos de reseñas y artículos en este blog.

ÍNDICE COMPLETO DE EL POLEMISTA: http://elpolemista.blogspot.com/2023/12/indice-completo-de-el-polemista.html 

 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Esto no existe: Las denuncias falsas en violencia de género, de Juan Soto Ivars. Negacionismo, polarización y sensacionalismo.

Si Rusia ganara de Carlo Masala, y, Trump juega con Groenlandia, por Jorge Navarro Cañada.