No creo que sea completamente inútil para contribuir a la solución de los problemas políticos distanciarse de ellos algunos momentos, situándolos en una perspectiva histórica. En esta virtual lejanía parecen los hechos esclarecerse por sí mismos y adoptar espontáneamente la postura en que mejor se revela su profunda realidad.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET

lunes, 12 de enero de 2026

Irán quiere un cambio de régimen, no la vuelta de un príncipe heredero de la mano de Netanyahu y Trump. Por Jorge Navarro Cañada.

Un régimen contrarrevolucionario en Irán cambiaría Oriente Medio tanto como la caída del Muro de Berlín cambió Europa La frase es de Robert Kaplan en su excelente El telar del tiempo (2023).

Quizá hoy pueda resultar exagerada, en aquel momento Irán controlaba lo que se llamó desde Occidente el Eje de la resistencia, era una potencia regional de primerísimo orden que controlaba Siria, Hamás, Hizbulá (Líbano), los hutíes de Yemen y grupos armados en Irak. Lo hacía compitiendo con Israel o las monarquías árabes entre otros, aunque hoy con mucha de esa estructura destruida o neutralizada es un Estado aislado en riesgo de colapso de régimen.

Lo que hoy llamamos Irán tiene su identidad a partir del siglo XVI tras la introducción del chiísmo por los Safávidas, antes y tras muchísimos cambios podía haberse asociado con el Imperio Persa y su carácter cosmopolita que le dota su variedad cultural, humana y geográfica, en el oeste de Asia limita con el mar Caspio, el golfo Pérsico y el golfo de Omán gozando de fronteras sostenibles donde es clave la división de chiíes y suníes. Esta identidad que los safávidas habían dado carácter de estatal siglos antes de la aparición del Estado Moderno es la que adopta el régimen revolucionario del ayatolá Ruhollah Musavi Jomeiní tras la Revolución Iraní (1978-1979). Y lo hace frente al Estado pro Occidental del sah Mohamed Reza Pahlevi, el último de la dinastía que iniciara el oficial de la Brigada Cosaca Persa, Reza Kan, en 1925 acabando con la dinastía turca Kayar (que antes había intentado ensayar modelos constitucionales fallidos). Ya como Reza Kan Sha, se inspiró en la Turquía laica de Mustafá Kemal Atatürk para presentarse en el mundo con cierto cosmopolitismo pero la realidad fue muy diferente e implantó un sistema de occidentalización urbana frente a un brutal atraso campesino. Fue la entrada de los ingresos del petróleo y la urbanización las que fueron perfilando el Irán de la segunda mitad del siglo XX, y la migración masiva del campo a las ciudades en los años 70 (llegaba a la mitad de la población del país) los que generaron la masa que apoyaría la Revolución.

La originalidad del chiismo de Jomeini frente al tradicional será politizarlo hasta el punto de hacer del Islam una identidad política frente al régimen laico, represivo y corrupto del sah. Y para ello implantó un régimen del terror que supuso la ejecución masiva del funcionariado anterior, la confiscación masiva de bienes (este asunto es trascendente para comprender una de sus mayores bazas para resistir) y el envío al exilio de cientos de miles de iraníes. Un movimiento político mucho más propio de las revoluciones políticas y sus periodos de terror, venganza y empoderamiento, que un movimiento religioso de “purificación” de la sociedad. Y todo ello en un contexto de gestión de un país complejo, no sólo en cuestión política y religiosa, también geográfica y étnica: el 40% de la población no es persa (es turca azerí, turcomana, kurda, árabe…).

Me he permitido esta breve introducción previa a la situación actual para ahora ya plantear de manera conceptual la dificultad de gobernabilidad de Irán.

Y es que el planteamiento que podemos ver hoy por el cual las protestas que comenzaron el pasado 28 de diciembre en la región de Ilam, en la frontera con Irak, cuya población es mayoritariamente kurda, y que ya se han extendido a otras ciudades como por ejemplo al emblemático Gran Bazar de Teherán, llevarían a la caída del régimen de la República Islámica y la restauración de la monarquía de la mano de Reza Pahlavi, el hijo del último sah, es sencillamente disparatada o en el mejor de los casos un proyecto inviable.

Han sido factores sociales y económicos fundamente los que han generado protestas en la última década tras las consecuencias de las sanciones internacionales impuestas a Irán desde 2012; si bien entre 2000 y 2012, la economía iraní experimentó un crecimiento medio anual del 4,4 %, entre 2013 y 2025, el crecimiento económico medio se ralentizó hasta el 1,9 %. En estas el rial iraní ha perdido un 40% de su valor frente al dólar y la percepción de pérdida de calidad de vida es generalizada, provocando un pesimismo y una sensación de declive cada vez mayor.

Este es el contexto que moviliza a elementos de todos los grupos sociales -contagia a las diferentes percepciones de la realidad más allá de la económica, también políticas y de libertades- a cuestionar la autoridad y la legitimidad de la República Islámica. Esto incluye a la población joven y su hartazgo de la imposición de una moral religiosa que regula la vida cotidiana, siendo especialmente dura para las mujeres. No obstante, los motivos han sido diversos, desde la inflación en 2017-2018, los precios de la gasolina en 2019, o la muerte en 2022 de Mahsa Amini, que dio lugar al movimiento "Mujer, Vida, Libertad".

Estos días en Irán las protestas se achacaron inicialmente al descontento contra el ejecutivo de Masoud Pezeshkian, no tanto contra el régimen en su conjunto ni contra el ayatolá Ali Jamenei, pero se empieza a dar por hecho que se trata de una revuelta contra todo el sistema al que se achaca el encarecimiento y escasez de bienes y materiales básicos, el desempleo juvenil, su frustración y falta de expectativas, que incluye la reclamación de transformación social en el ámbito de las libertades y la moral. En suma, un cambio sistémico completo.

Pero llegados a este punto nos encontramos con una lectura generalizada desde Occidente con entusiasmo de EEUU e Israel por la cual la aparición de alguna simbología monárquica y el paso al frente que ha dado Pahlavi aprovechando la debilidad del resto de la oposición al régimen sería una muestra del deseo del pueblo iraní de volver al régimen anterior a la Revolución. Y nada más lejos de la realidad, hoy la monarquía en Irán no tiene ni apoyo popular ni menos estructuras capaces de lograrlos. Pero, de hecho, el que Pahlavi llegue de la mano de Benjamín Netanyahu y Donald Trump y que no mostrara rechazo alguno a los ataques de este en la pasada guerra de los 12 días (13 al 24 de junio de 2025) en la que murieron cientos de civiles iraníes tras los bombardeos israelíes, le hacen un personaje difícilmente encajable en la opinión pública del país.

Opositores interiores como Narges Mohammadi y Mostafa Tajzadeh, o en el exilio como Shirin Ebadi o Masih Alinejad están en horas bajas y ello ha impulsado la idea desde la diáspora iraní (vinculada al pretendiente a sah) de EEUU, Reino Unido o Francia a reivindicar la solución de vuelta al antiguo régimen. Ni que decir además, las consecuencias de revancha, venganza y reversión del estatus jurídico y de la propiedad privada que ello podría generar.

En realidad, estamos ante un burdo intento de aprovechamiento y capitalización de las justas demandas contra el régimen por parte de sectores interesados en dominar el poder, en este caso de la mano de una institución que ya lo ha tenido y reclama su legitimidad para retomarlo. Pero este no es un sujeto político presente realmente en la sociedad iraní y el intento de imponerlo tendría consecuencias desastrosas e imprevisibles para todo Oriente Medio.

Este es otro de los problemas clave: no hay a día de hoy una alternativa del control de Irán realista al margen del régimen actual y en caso de subvertirlo tendría que hacerse contando con él forzándolo a una transición que difícilmente podrá ser democrática y pacífica.

Tampoco es un secreto (lo publican medios israelíes) el trabajo de los servicios de inteligencia de Israel por promover la figura del príncipe heredero exiliado Reza Pahlaví, y lo que es más grave, provocando que la República islámica aproveche esta circunstancia para presentar las manifestaciones como una conspiración extranjera y no como una crisis estructural del sistema.

Y así llegamos al día de hoy: EEUU amenaza con ataques inminentes, pero a esta hora el Estado iraní aún mantiene intacta su amplia estructura burocrática, política, financiera, productiva y de seguridad, tanto militar como policial y de emergencias, así como una fuerte base de apoyo entre la ciudadanía.

Vamos a ver cual es el desenlace de la crisis actual: Irán necesita superar un régimen criminal sin ningún tipo de paliativo, pero no puede hacerlo al precio de hipotecar su futuro por décadas y suponer una amenaza de desestabilización y guerra para toda la región de Oriente Medio que con el binomio Trump-Netanyahu en un contexto de crisis global parece condenado a cambios traumáticos de gravísimas consecuencias.

Como añadido: esta crisis está teniendo elementos forzados y precipitados hasta el punto de no tener todavía la capacidad de hacer una foto con perspectiva suficiente para encuadrarla en el contexto global como para situar a otros actores determinantes como pueden ser China, Rusia, Turquía…

Encontrarán temas como este y multitud de reseñas de libros, análisis y artículos en ÍNDICE COMPLETO DE EL POLEMISTA  http://elpolemista.blogspot.com/2023/12/indice-completo-de-el-polemista.html

Viñeta: Le Debat - France 24 - l'Iran : le régime mis au défi.



No hay comentarios:

Publicar un comentario