No creo que sea completamente inútil para contribuir a la solución de los problemas políticos distanciarse de ellos algunos momentos, situándolos en una perspectiva histórica. En esta virtual lejanía parecen los hechos esclarecerse por sí mismos y adoptar espontáneamente la postura en que mejor se revela su profunda realidad.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET

miércoles, 21 de enero de 2026

El Rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España, de Charles Powell, un libro oportuno que mitiga un final político y personal desastroso.

Este libro será un texto decisivo en el estudio histórico del reinado de Juan Carlos I, pero también de su persona. Charles Powell ya ha trabajado la figura y es evidente su familiaridad y dominio de ella. Y debe agradecerlo el Emérito, aparece justo después del lamentable autobiográfico Reconciliación, todo un ejemplo de cómo la pérdida completa del sentido de la realidad puede hacer a una personalidad histórica aparecer como un individuo rencoroso hasta el punto de ofrecerse a deteriorar y perjudicar la acción como rey de su heredero Felipe VI y aparecer ante los españoles como un estorbo. Por si fuera poco, el Emérito reclama una generosidad de los españoles no reconociendo la inocencia y buena fe con la que estos le han tratado hasta el punto de haberle dado la presunción de “perfección” y el beneficio de la invulnerabilidad y visto bueno a todo lo que ha hecho durante décadas. Sin embargo, un reconocimiento a su reinado como es este El Rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España de Charles Powell (Ed. Galaxia Gutenberg) era necesario.

No obstante, los españoles estamos obligados a reconocer a Juan Carlos I por sus hechos como Rey y ello hace conveniente que acabe su vida en España y sea despedido con honores y reconocimientos de Jefe de Estado.

Escrito con enorme pulcritud histórica y seriedad es fruto de entrevistas y conversaciones del autor con todos los actores disponibles, incluido el propio Juan Carlos I -también de estudio y documentación, la presencia de otros autores es constante- y aunque por su extensión, 933 páginas, y trato del asunto no será una lectura para todos los públicos, sí servirá para nutrir muchas opiniones, pero también da para explicar y contextualizar de forma veraz “chascarrillos”, si se quiere.

Un asunto de entrada fundamental:

“La evidencia que se presenta aquí sugiere que don Juan Carlos había decidido conducir a España hacia un sistema de gobierno democrático varios años antes de ocupar la jefatura del Estado, algo no muy sabido en aquel entonces, y que sigue cuestionándose hoy día. Como veremos, esta decisión estuvo motivada en buena medida por una percepción cada vez más clara de la necesidad de que el sistema político español fuese convergiendo con los de sus grandes socios europeos.

Y una conclusión clave:

Juan Carlos I ha jugado un papel muy destacado y positivo en las relaciones Exteriores de España, tanto en su normalización ante el cambio de régimen como en su asentamiento posterior.

“siempre tuvo muy clara la importancia de que las principales democracias europeas, sobre todo Alemania y Francia, reconociesen sus deseos de establecer en España un sistema político homologable a los suyos, entre otros motivos porque de ello dependería su posible adhesión a la CEE y su integración en la OTAN.”

El Emérito aparece en la obra como un hombre calculadamente campechano, de formación y personalidad que huía de la erudición o alta cultura centrándose en el deporte y las relaciones públicas como le correspondía en sus funciones a ojos de las élites españolas de su tiempo. Esto es importante, tanto antes como después de la Constitución de 1978 (cambio sustancial de funciones y poderes) sus dotes para tener gran familiaridad con diversos actores internacionales fueron determinante en el cumplimiento de su función diplomática y cultural. En este sentido la obra servirá además como referente respecto a cómo han actuado las monarquías representativas europeas en ese periodo, y se agradece porque al ser actividades no reguladas ni supervisadas no es un tema muy conocido, menos documentado.

Visto por varios observadores internacionales en su personalidad como simple, pero también por otros de mandatario dotado de sagacidad y sentido político.

Hay momentos sorprendentes, testimonios como este de Orianna Falacci tras la boda de Juan Carlos y Sofía: “Conozco a esos dos imbéciles. Los entrevisté en Atenas antes de su estúpida boda y están cortados por el mismo patrón que Franco. No es casualidad que vayan a ser rey y reina de España cuando se muera el Asesino. Son protegidos suyos. Juan Carlos es un robot del dictador totalmente estúpido. No tienes más que mirarle a la cara, los ojos, y antes de que hable ya te percatas de lo tonto que es.”

Cuestiones como su actividad sentimental y sus consecuencias aparecen, incluso plasmando la preocupación en las autoridades españolas en algún momento por cómo podían afectar a su cometido, pero obviamente desde ese punto de vista y sin ningún ánimo “chismoso”.

Juan Carlos I en democracia habría tenido mejor relación con los presidentes del gobierno de la Izquierda que con los de la Derecha, el motivo: puso más interés y esfuerzo en ello por saber que serían más reticentes ideológicamente a él como monarca.

Con Adolfo Suárez la relación habría sido excelente y de colaboración en el ritmo democratizador (motivo por el que fue despedido como Secretario General de la Casa Alfonso Armada y sustituido por Fernández Campo) hasta que en 1981 la debilidad del gobierno y la actividad terrorista en España acabó con ella. El rey reprochará después la incomprensión de Suárez hacia las Fuerzas Armadas (estos datos después de leer Reconciliación tienen otro significado). En materia Exterior entre muchas otras la intervención del rey fue clave en la Crisis del Petróleo de 1979, ya lo había sido en la de 1973.

Leopoldo Calvo-Sotelo sí dejó gran protagonismo y actividad en las relaciones Exteriores a la monarquía, su acción dedicada de lleno a la complicadísima situación española tras el 23F obligaba a ello.

Con Felipe González la frenética actividad Exterior de su gobierno (Entrada de España en la CEE en 1986, integración en la OTAN, Convenido Bilateral con EEUU, Conferencia de Paz de Oriente Medio, Expo’92 y Olimpiadas, Cumbre Iberoamericana… contribuyó a una gran relación incluido en lo personal).

José María Aznar, “Bigotes” para Juan Carlos I, la relación comenzó por no soportarse hasta el punto de haber sido motivo de celebración para el monarca su derrota electoral frente a Felipe González, fue mejorando hasta que la mayoría absoluta (2000-2004) y el giro atlantista del gobierno con decisiones como la intervención en la Guerra de Irak dejaron al rey entonces descolocado.

La llegada de José Luis Rodríguez Zapatero le devolvió protagonismo y tuvieron una buena relación de inicio, (cambio de relación con Marruecos y con EEUU, el famoso “¡Por qué no te callas!” a Chávez en la Cumbre Iberoamericana 2007…) aunque la situación política Interior (Estatut catalán o la Recesión de 2008) quitó protagonismo a la política Exterior.

Con Mariano Rajoy y a pesar de su voluntad de colaborar en la acción económica logrando inversiones o acuerdos fuera del país, la situación personal del hoy Emérito acaba en su abdicación recibida con alivio por los españoles. A este último punto le dedica un capítulo completo.

Muy interesantes cuestiones como la relación con Israel. “el fin de una anomalía”, simple y llanamente entrar en la Comunidad Europea obligaba a establecer relaciones diplomáticas con Israel. El papel de Juan Carlos I en conversaciones con todos los actores, incluidos dirigentes árabes y como hace de interlocutor entre Felipe González y estos serán decisivas.

Volviendo a Marruecos, Charles Powell le atribuye a Juan Carlos un sentido de pragmatismo que hoy puede ser poco comprendido y que no descarto acabe siendo objeto de debate en la sociedad española incluso hoy, por ejemplo barajando la hipótesis de entregar un día Ceuta y Melilla a Hassan II justo después de su actuación en el Sahara en 1976. El autor sostiene que en aquel episodio Juan Carlos actuó motivado en favor de la unidad de las Fuerzas Armadas y una transición pacífica a la democracia.

También por haber declarado Marruecos su no reclamación de Ceuta y Melilla mientras Gibraltar fuera británico, Juan Carlos comunicó al Reino Unido de Margaret Thatcher que España no estaba interesada en la colonia. Por cierto, esta no se lo creyó y reforzó la defensa militar gibraltareña.

Episodios hoy como el regalo del rey de Jordania de la Mareta, la finca de Lanzarote, la traslada a Patrimonio Nacional y pasa a ser propiedad del Estado para su mantenimiento y suya para su disfrute, o los 100 millones de dólares que recibió… quedan como las cosas que ahora ya no pueden sorprender a nadie, pero conviene recordar que entonces ni se planteaba la idea de hablar abiertamente de ellas. Esas son la generosidades a las que me refería que difícilmente podrá ya agradecer aunque debería reconocer.

La situación de Juan Carlos I hoy lejos de España y su mezcla de nostalgia y rencor es un asunto que la sociedad española tiene que afrontar, Charles Powell lo ha hablado con él en Abu Dabi y hace más valioso si cabe este verdadero documento histórico que es El Rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España de Charles Powell. La voluntad del Emérito es ser enterrado con honores en España.

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