No creo que sea completamente inútil para contribuir a la solución de los problemas políticos distanciarse de ellos algunos momentos, situándolos en una perspectiva histórica. En esta virtual lejanía parecen los hechos esclarecerse por sí mismos y adoptar espontáneamente la postura en que mejor se revela su profunda realidad.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET

miércoles, 2 de abril de 2014

Paciencia e Independencia de Francesc de Carreras, y, “avui paciencia, demà independencia”.


Excelente noticia la recopilación y selección en este Paciencia e independencia (Ed. Ariel) de los artículos que durante las dos últimas décadas Francesc de Carreras ha publicado en El País y en La Vanguardia. Y oportuno, autores como este catedrático de Derecho de la UAB han mantenido una coherencia en todo este tiempo digna de quien veía venir lo que posteriormente ha sucedido y lo denunció incluso cuando ello era incómodo. Por ejemplo, ya definía en 1995 la Cataluña de Pujol al hilo de la exposición El noucentisme, un projecte de modernitat: “En esta, es decir, en la política de la Generalitat, se ha tenido que improvisar una especie de neonoucentisme sin modelo definido, igualmente elitista y conservador y, por tanto, disociado de buena parte de nuestra realidad social, aunque aparentemente reequilibrado en ese aspecto por el potente foco populista que supone TV3. A su vez, los partidos de izquierda han ido abandonando la cultura progresista acumulada en los últimos años de franquismo y esta cultura tiene una influencia de muy baja intensidad en la sociedad catalana.” Permítame el lector empezar por aquí, ya que estos días cumpliremos un siglo de la constitución en Barcelona de la Assemblea de la Mancomunitat presidida por Prat de la Riba.
Paciencia e independencia debe su nombre a la experiencia personal de su autor, que a finales de los setenta en las manifestaciones autonomistas escuchó el lema “avui paciencia, demà independencia” por el cual entendió que para el nacionalismo catalán la autonomía no era más que la fase transitoria a la meta real, la independencia.
Jordi Pujol ya trabajó a destajo en ello, en aquellos años ya tejía la red de colaboradores con la vista puesta en alcanzar la hegemonía económica, social y cultural en una futura Cataluña democrática. ¡”Fer país”! Con paciencia, construir nación. Se trataba de “construir desde el poder una comunidad autónoma como si fuera un Estado: con todos sus órganos, símbolos y parafernalia. No se ha optado por el federalismo –claramente incompatible con todo nacionalismo-, sino por un vago confederalismo –también denominado federalismo asimétrico- basado en una España plurinacional, en la que Cataluña todavía estaba sometida a una mítica Castilla, hoy España, denominándolo Estado español o, simplemente, Madrid.”
En ese escenario, Cataluña quedaba dividida entre buenos y malos catalanes, los catalanistas y los españolistas, o lo que es lo mismo, los nacionalistas de un lado y del otro, y la cultura catalana reducida a la vertida por el nacionalismo catalán como única de Cataluña, contando con un importante despliegue de subvenciones y medios oficiales de comunicación a su servicio como TV3 y Catalunya Radio. Un contexto, donde al montaje político y cultural se le sumará el lingüístico, donde la lengua mayoritaria de los catalanes, el castellano, quedaba relegada a la condición de lengua impropia impuesta históricamente por España. Así, la denuncia del Estatuto de 1979 como insuficiente, el victimismo que atribuye todos los males a Madrid, ha logrado que en la Cataluña que presume de ser una de las regiones españolas más ricas y avanzadas el discurso nacionalista haya calado por sorprendente que pueda resultar.
Y si bien este es el legado del pujolismo, continuó incólume en los mandatos de Maragall y Montilla, y llevado al paroxismo en el actual de Artur Mas.
En su día en El Polemista se hacía reseña del cinismo de Jordi Pujol plasmado tan groseramente en “Residuals o independents?: “Durante muchos años el nacionalismo catalán mayoritario no ha sido independentista. Ha jugado la carta de un autonomismo que garantiza políticamente y administrativamente un techo alto, económicamente viable y con garantía identitaria. Y rechazaba los requerimientos que algunos sectores le hacían para adherirse al independentismo. Tenía argumentos para hacerlo. Ahora ya no (…)Casi me avergüenza ver como mi actitud y la nuestra - que eran fruto de un sentido de responsabilidad y de solidaridad auténticas, de raíz moral tanto o más que política - ni han sido entendidas ni mínimamente correspondidas. Han sido y son burladas (…) En esta apelación a la solidaridad en relación al subdesarrollo de buena parte de España , además de las razones sociales y políticas jugaron en algunos sectores catalanes y en mí mismo un componente de carácter religioso.” Tienen amplia reseña de aquel texto en http://elpolemista.blogspot.com.es/2011/09/residuals-o-independents-de-jordi-pujol_08.html
Si Francesc de Carreras tiene claro que en aquellos 23 años de pujolismo se fraguó la Cataluña actual, con perspectiva señala respecto al periodo posterior y la llegada de la izquierda al poder de la Generalitat:
 “…el gobierno tripartito constituyó el mayor triunfo del pujolismo: cambiarlo todo para que no cambie nada. Así, el periodo de la paciencia culminó con un gran éxito. La Cataluña de 2003 poco o nada tenía que ver ya con la de 1980: la construcción nacional en buena parte se había conseguido.” Así se explica la advertencia en El País en 2001 por el autor: “… en los socialistas es todo autocomplacencia, falsas seguridades y, en el fondo, miedoso conservadurismo: quien se mueva no sale en la foto. Apuestan por ser, simplemente, los sucesores de Pujol, no una alternativa al pujolismo.”
Así se llegó a la sorprendente para el autor  -por no corresponder a un partido nacionalista- propuesta del nuevo Estatuto por parte del PSC desde el gobierno tripartito de 2003 (PSC, IC y ERC). Aquel periodo, donde el Estatut sin duda fue protagonista y la sentencia del Tribunal Constitucional declarando inconstitucionales algunos de sus preceptos básicos, fue demagógicamente utilizada por el nacionalismo catalán sumada a la campaña sobre las balanzas fiscales que concluye con el tan usado “España nos roba”, cierran el periodo, y vuelvo al título del libro, paciencia, para llegar a la nueva etapa del itinerario del imaginario nacionalista: la independencia.
Con la citada campaña contra la sentencia del Tribunal Constitucional, se logró un doble efecto: el desprecio generalizado por el derecho y la democracia constitucional, y la sensación de desafección entre España y Cataluña. Así, en 2011 CIU recupera el poder en la Generalitat, Artur Mas alcanza su presidencia sin mayoría absoluta con el apoyo puntual del Partido Popular primero, y en la adelantada actual legislatura de ERC.
En este periodo, Mas comienza estableciendo un calendario para lograr un concierto económico similar al de País vasco y Navarra, y en el caso de que este fallara, celebrar una consulta independentista al margen del ordenamiento democrático refugiada bajo el eufemismo “derecho a decidir”:
“Con ello entramos en el año 2014. El próximo 11 de septiembre se celebra el 300 aniversario de la rendición de Barcelona ante las tropas de Felipe V durante la Guerra de Sucesión, ambiente patriótico ideal para llegar a una independencia sobre la cual nadie, entre los conocedores de la situación, cree, pero que suscita grandes esperanzas en muy buena parte de la sociedad catalana. Lo más probable es que el fin deseado, la independencia, genere sobre todo frustración.”
Escribo estas líneas el mismo día que en El País (http://politica.elpais.com/politica/2014/04/01/actualidad/1396372177_138585.html)Francesc de Carreras firma un artículo del cual me permito extraer estas frases muy al hilo de este Paciencia e Independencia:
"...dos lenguajes: el de la razón democrática y el de una democracia imaginaria (...) este es el tipo de lenguaje que leen y escuchan los catalanes a través de sus medios de comunicación. ¿Cómo se forma una opinión pública? Cambiando el lenguaje, dando a cada palabra el significado que más conviene para una finalidad ideológica determinada: democracia es derecho a decidir, derecho a decidir es derecho a la autodeterminación, las balanzas fiscales calculan los expolios, España es un país centralizado, el 11 de septiembre de 1714 fue el día que España derrotó a Cataluña, desde aquel día la agresión ha sido constante hasta hoy(…)esto no es nada si lo comparamos con la presión mediática y social en la Cataluña de estos últimos 35 años. Comprenderán quizás la buena fe de los dos millones de independentistas, la mala fe de quienes les han engañado.”
Estamos ante un libro oportuno, en forma y fondo, que dada su naturaleza “recopilatoria” situará al lector en diferentes escenarios a lo largo de la lectura, magníficamente editado por Ariel donde se agradece el índice onomástico final que facilita enormemente el movimiento por el libro, y dado que Francesc de Carreras se ha convertido en un referente de la Cataluña constitucionalista frente a la nacionalista ocupará un lugar preminente en el lector interesado en profundizar en el tema.

En El Polemista se ha tratado varias veces la cuestión del nacionalismo catalán, antes y después de que Artur Mas lo convirtiera en un entramado de organizaciones y grupos puestos al servicio de la Causa “superior” que es la Independencia de Cataluña. El entramado “totalista” desplegado para ello es conocido y de un lado el legal, fundamentalmente a través de CIU y ERC, el mediático, arribista e interesado con gran difusión en medios afines, Consell Assessor per a la Transició Nacional (CATN), Col·lectiu Wilson…, o el directamente de corte insurreccional para dar cobertura de supuesta movilización popular a los demás, Assemblea Nacional Catalana (ANC), entre otros, han llevado el proceso a un callejón sin salida donde ya no queda más lugar que a la garantía de la legalidad y a la superación del marco antidemocrático y fragmentador al que el nacionalismo catalán ha sumido a Cataluña.
Somos muchos los que durante décadas hemos aceptado el particularismo de los nacionalismos periféricos en España como una forma de asimilar esa percepción diferenciada en el régimen constitucional y contrapeso a un nacionalismo español siempre tentado de uniformizar al país, pero siempre confiando en el respeto a la legalidad y a sus reglas de juego; hoy, el nacionalismo catalán ha traspasado el marco democrático y quizá, de haber asimilado antes los mensajes de quienes advertían de ello, se hubiera evitado llegar hasta aquí.
La última vez que se trató aquí el tema en profundidad fue en la reseña de Anatomía de un desencuentro (o Anatomia d’un desengany) de Germà Bel (miembro del independentista CATN) donde podrán encontrar comentarios del propio autor:
http://elpolemista.blogspot.com.es/2013/11/anatomia-de-un-desencuentro-o-anatomia.html






OTRAS ENTRADAS RELACIONADAS EN EL POLEMISTA:



CATALUNYA, ESPAÑA. ENCUENTROS Y DESENCUENTROS DE JOSÉ ENRIQUE RUIZ-DOMÈNEC, Y LA DESAFECCIÓN CRECIENTE.





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RESIDUALS O INDEPENDENTS? DE JORDI PUJOL, Y LA DESAFECCIÓN CALCULADA.



 


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LA MORT DE BÈLGICA DE MARC GAFAROT, Y EN BUSCA DE CATALUÑISTÁN




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EL NACIONALISMO ¡VAYA TIMO!, Y, LA TRAMPA NACIONALISTA




Breve historia de los nacionalismos europeos de Javier López Facal


http://elpolemista.blogspot.com.es/2014/02/breve-historia-de-los-nacionalismos.html

 
 

3 comentarios:

  1. También en EL POLEMISTA (actualizado 11-09-2014):

    1714 Cataluña en la España del siglo XVIII de VVAA, y, la Diada de la frustración:
    http://elpolemista.blogspot.com.es/2014/09/1714-cataluna-en-la-espana-del-siglo.html

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  2. También en EL POLEMISTA:
    ¿Cataluña en la encrucijada? No lo creo. Por Jorge Navarro Cañada.
    http://elpolemista.blogspot.com.es/2015/09/cataluna-en-la-encrucijada-no-lo-creo_1.html

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  3. También en El Polemista ante el 1-O
    España contra Cataluña: la falacia del nacionalismo catalán, de Jorge Navarro Cañada:
    http://elpolemista.blogspot.com.es/2017/09/espana-contra-cataluna-la-falacia-del.html

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