Guerra Híbrida: ¿Cuánto de amenaza real es? Por Jorge Navarro Cañada.

 

En los últimos días han sido los hackeados de software, las falsas alertas de bomba, pero se suman a los sabotajes, incursiones de drones, flotas fantasmas, piratería, intromisiones en campañas electorales, creación de informaciones y campañas de incitación al odio, disturbios, financiación de organizaciones políticas, sociales…

El catálogo de actividades relacionadas con lo que llamamos Guerra Híbrida es largo y sin duda alguna está por ampliarse hasta el extremo de ser susceptible de ser objeto de ello todo lo que pueda obtener inestabilidad y debilidad de nuestra vulnerabilidad.

El concepto, creado a principio de siglo en la teoría estratégico-militar por autores como Frank G. Hoffman todavía no apuntaba a la gravedad que iba a alcanzar, sin duda porque no estaba previsto un contexto tan evidente de transición tecnológica como el que se produce en este momento en el que convergen dependencias digitales y acceso a ellas por medio de la Inteligencia Artificial dejando a la vista fragilidades inimaginables entonces.

Tampoco, cierto es, las amenazas geopolíticas y estratégicas eran tan evidentes como las que representan potencias que por esta vía iban a multiplicar su poder, tanto para Occidente desde el punto de vista del agresor, Rusia, Irán… como del aparentemente debería ser defensor, EEUU, Israel… por el hecho de ser nuestra dependencia de ellos en tecnología digital una de nuestras mayores debilidades.

Lo planteo abiertamente por que si bien el concepto de Guerra Híbrida combina estas opciones “alternativas” con la militar, las intromisiones nada amistosas de aliados de Europa como EEUU o Israel están constatadas, además de otros actores como las tecno-oligarquías podrían ser parte de la complejidad del asunto. Caso claro serían las intromisiones políticas en Europa coincidentes y del mismo signo de la Rusia de Vladimir Putin y los candidatos fomentados por EEUU, Israel, Elon Musk…

Siendo, como parece, la obtención de datos concretos respecto a la capacidad de reacción en forma, velocidad, coordinación, recursos, accesibilidad… además del efecto psicológico en el enemigo el objeto, de por ejemplo las falsas amenazas de bomba o los sabotajes de estas semanas a supermercados, ¿cuál puede ser el próximo objetivo y en qué momento las sociedades Occidentales pueden llegar a ver en peligro su forma de vida?

Un recrudecimiento de la Guerra de Irán y el colapso de Ormuz, ¿podrían ser para Irán una forma de respuesta combinada con actuaciones bélicas o terroristas para desestabilizar a sus enemigos? ¿Ha llegado Vladimir Putin que el momento de crisis política y polarización extrema en algunos países europeos marcan el momento de un recrudecimiento de las acciones previas a otras de carácter militar?

¿Cuáles son las líneas rojas que los agredidos pueden dar por definitivas para desembocar en un conflicto de mayor alcance?

Incluso, ¿serían estas amenazas una buena excusa para anunciar políticas de Seguridad que impliquen mayores inversiones en Defensa en detrimento, por ejemplo, de las sociales?

Lo cierto es que Occidente debe afrontar que todo lo que pueda ser objeto del sabotaje, hackeo, intromisión, competencia desleal, desestabilización… entra en la lista de nuestras vulnerabilidades y que apagones, caídas de plataformas de pago, paralización de infraestructuras, irrupción de grupos antisistema, difusión de bulos determinantes en campañas electorales, colapsos informativos… están próximos a ser una realidad ya no tan improbable.

Como tampoco lo es que grupos interesados en generar inestabilidad -incluidos oportunistas, conspiranoicos, iluminados…- obtengan igualmente beneficio de ello y sirvan de propagadores, imitadores o publicistas de ello agravando sus efectos.

Todos estos aspectos, se han tratado en numerosas ocasiones en El Polemista a lo largo de sus más de 15 años de vida, tanto en forma de reseñas de libros o artículos de su autor, Jorge Navarro.

ÍNDICE COMPLETO DE EL POLEMISTA: 

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Imagen de Equilibrium Global.


 

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