Negreros, de Salvador García Castañeda. La cara ocultada e ignorada del desarrollo español del siglo XIX.

Negreros. La historia de los españoles que hicieron fortuna con la trata de esclavos (El desvelo ediciones) es un libro necesario a pesar de su brevedad y tamaño, son 68 páginas -incluida una excelente bibliografía- que dejan sin embargo una conclusión demoledora: nuestra burguesía del siglo XIX, aquella que modernizó el país, tuvo en la esclavitud un elemento esencial para su desarrollo, sin el cual no se podrían explicar sectores estratégicos como las infraestructuras ferroviarias, el Banco Hispano Colonial o la Compañía Transatlántica, pero es más, tampoco grandes fortunas como las de Antonio López  (marqués de Comillas), la mayor corporación empresarial española del s. XIX, pero también de varios de sus mayores empresarios, políticos, militares, incluso la propia Corona, que no sólo hicieron gran riqueza del comercio humano, es que además realizaron legislaciones y tomaron decisiones políticas determinantes en la historia Contemporánea de España.

Salvador García Castañeda, catedrático y filólogo cántabro – este libro podría decirse que arranca en el puerto de Santander con más de 60 años de experiencia fundamentalmente en Estados Unidos, plantea con una claridad muy poco habitual en España un pasado del que no podemos estar orgullosos pero que es necesario conocer.

En 1817 Santander era un puerto negrero desde el salían barcos para hacer la ruta triangular con África y Cuba. Barcelona tendría gran actividad también en esa época y después. La mayoría de las expediciones negreras hispanas salía de Cuba.

A finales del siglo XVIII y primeras décadas del XIX, Cádiz será uno de los principales puertos de actividad y aprovisionamiento esclavista, su localización de encrucijada entre África, Europa y América le hacían una plaza ideal, y a partir de 1830 hasta la prohibición del comercio transatlántico de esclavos en 1866, será el primero en su comercio de Europa.

Si nos limitamos al siglo XIX, legalmente se pudo comerciar con esclavos hasta 1820 cuando el Tratado bilateral España-Gran Bretaña de 1817, declaró ilegal la trata de esclavos en todo el mundo. Fue ratificado en 1835 pero el comercio transatlántico continuó siendo Cuba el mayor receptor de negros hasta el Real Decreto del 7 de octubre de 1886 que abolía la esclavitud en la isla aunque la primera guerra de independencia de 1868 paralizó el comercio clandestino de esclavos.

"Negreros": tanto los que los compraban esclavos en el Nuevo Mundo como quienes lo poseían legalmente amparados por la legislación de la Corona en la que era una de las actividades más lucrativas y respetadas.

“En España, la real cédula de 1789 que autorizaba la libertad de trata muestra la influencia que tenían en Madrid los hacendados cubanos, cuyos planes coincidían con los del gobierno. Llegaron a Cuba 342.000 esclavos en más de dos mil barcos negreros. La posesión de esclavos se mantuvo en las provincias españolas de Ultramar hasta 1886 pues para ello contaron con la complicidad de las autoridades españolas que se enriquecían con la venta de cargos, la distribución de favores y, sobre todo, con los porcentajes que recibían del comercio de esclavos.”

Comentaba el autor de Revelations of Spain in 1845…, Terence M.Hughes que los traficantes de esclavos no eran como cabía esperar bucaneros, temerarios, fanfarrones… sino los hombres más elegantes de España que viven con refinamiento y esplendor.

Tómese en cuenta que entre 1856 y 1867 el promedio de beneficio de la trata era del 91 por ciento. Y hablamos de cerca de  2.500 viajes en ello con una marinería para tripularlos de varias decenas de hombres, capitanes, pilotos, comerciantes, mantenimiento, industria relacionada… hablamos de todo un sector económico en el que intervenían miles de personas.

Y también, tanto gobierno como monarquía ampararon la esclavitud en los ingenios azucareros, tanto por enormes beneficios que la exportación de azúcar daba a la Corona como por la vinculación con el negocio de la reina madre María Cristina frente y contra todo intento de hacer cumplir en Cuba los acuerdos internacionales y la legislación española de represión de la trata.

Por Negreros desfilan muchos de ellos, muestra especial interés en los cántabros, que estuvieron gracias al puerto santanderino entre los más exitosos detrás de los catalanes.

Tenían una mentalidad formada en una economía abierta e internacional como era Cuba, conocieron los Estados Unidos e Inglaterra, los nuevos adelantos técnicos e industriales y se veían como grandes hombres de negocios a un nivel mucho más alto que el de los peninsulares. A estos últimos, tanto Isabel II como Alfonso XII recompensaron si colaboraban con sus préstamos o recursos al sector.

La palma, como decía al comenzar esta reseña, se la llevó Antonio López, el marqués de Comillas, hoy vista su actividad un personaje con elementos siniestros, pero reconocido tras su fallecimiento en 1883 como el ejemplo absoluto de hombre hecho a sí mismo.

“… su capacidad para negociar con el Estado ventajosas contratas de transporte de tropas y pertrechos durante las guerras coloniales, y de tabaco y correo en sus vapores aumentó su fortuna y posibilidad de acceder a la banca, los ferrocarriles y la especulación inmobiliaria (…) Su origen humilde, su marcha muy joven a Cuba y su capacidad para regresar a la metrópoli  con el capital suficiente para iniciar una fecunda actividad empresarial le hicieron aparecer ante sus contemporáneos como un ejemplo a seguir.” Todo un caso como otros en esa época de convertir el pasado humilde “rancio abolengo”, su impresionante imperio empresarial le llevó a Alfonso XII a nombrarle marqués de Comillas en 1878 y en 1881, Grande de España.

No debe pasarse por alto el poder de los negreros, durante el Sexenio Democrático cuando se plantearon reformas en Ultramar, entre ellas la abolición de la esclavitud, el partido negrero bloqueó los proyectos y financió medios y campañas para manipular a la opinión pública. Entre sus miembros además del marqués de Comillas estaban otros como Juan Bautista Topete, Cánovas del Castillo… y que tras el Grito de Yara en Cuba liderado por Céspedes para proclamar la independencia y liberar a los esclavos, el partido negrero logro que el Moderado impidiera avances en la cuestión hasta la proclamación de la República en 1873. El concepto de negrero pasaba a tener connotaciones negativas.

Recordar que en 2018 la alcaldesa de Barcelona entonces, Ada Colau, retiró la estatua en su honor de la ciudad al marqués de Comillas.

Negreros termina citando a uno de los especialistas en la cuestión, José Antonio Piqueras sobre estos:

“… hicieron caer tronos y elevaron a reyes, compraron voluntades de poderosos y de humildes, torcieron la voluntad del Parlamento y del Gobierno, despidieron capitanes generales y burlaron las leyes cuantas veces quisieron.
Y legaron una cierta intransigencia y una idea perversa de la integridad nacional que servía para ocultar sus intereses particulares. Así durante casi un siglo, desde 1811 en que se manifestaron por primera vez hasta 1898.”

Negreros. La historia de los españoles que hicieron fortuna con la trata de esclavos de Salvador García Castañeda es un libro excelente, a pesar de su brevedad perfecto para iniciarse en la cuestión, también para ver algunos casos de cerca, máxime desde el prisma cántabro.

La edición es perfecta para el libro que es, de gran belleza cuenta con ilustraciones y una muy práctica bibliografía.

Pero una vez más insisto: la trata de esclavos es clave para entender el desarrollo español del siglo XIX y su despertar industrial, también sus infraestructuras para ello. Y no puede ser un motivo ni de orgullo, ni de desconocimiento a pesar de vivir un tiempo en el que cualquier revisión del pasado es tratado con desprecio y etiquetado de woke.

Vienen días de nacionalismo y exaltación de la historia adaptada a él donde realidades incómodas como esta serán si cabe más ignoradas.

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