No creo que sea completamente inútil para contribuir a la solución de los problemas políticos distanciarse de ellos algunos momentos, situándolos en una perspectiva histórica. En esta virtual lejanía parecen los hechos esclarecerse por sí mismos y adoptar espontáneamente la postura en que mejor se revela su profunda realidad.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET

lunes, 13 de febrero de 2017

Populismo. El veto de los pueblos de Jorge Verstrynge, y, otra defensa del populismo.


La última vez que leí a Jorge Verstrynge fue en su La guerra periférica y el Islam revolucionario, libro que fue manual del ejército bolivariano de Venezuela en el Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional (en España lo editó, como este Populismo, el Viejo Topo). Aquel texto, en muchos momentos absolutamente delirante planteaba como tesis central que todas las guerras en adelante serán asimétricas porque la desproporción de medios existentes entre los países de alto presupuesto militar y de bajo así lo impone.
Este Populismo aparece en las librerías coincidiendo con la asamblea de Vistalegre, escrito entre noviembre y diciembre de 2016, probablemente no esperando el catastrófico resultado para Podemos que ha supuesto la ruptura del partido, la caída en picado de su imagen y de la de sus dirigentes, y el hecho de que su Secretario General haya pasado del 80% de apoyo en Vistalegre I a menos del 60% en Vistalegre II sin contar que un tercio de su partido le ha dicho con su voto a Íñigo Errejón que si quiere se vaya (a cuenta de la amenaza de Pablo Iglesias de irse en caso de no ganar).
El prólogo del mismo Pablo Iglesias, que más parece una carta de amor que un prólogo de un libro con pretensiones científicas, dice su autor:
“Frente al pudor y al carácter prudente y temeroso de muchos de los profesores de izquierdas de toda la vida, Jorge mostraba un arrojo y una pasión que nos admiraba a los estudiantes y que quizá solo encuentre parangón en Juan Carlos Monedero.”
También cita con admiración la comparación que el profesor hacía de Hugo Chávez con De Gaulle.
No puedo evitar decir que como politólogo licenciado en esa misma facultad de la Complutense que soy, esta afirmación es simple y llanamente un disparate, aunque me ha hecho gracia que en la semblanza de Pablo a Jorge le recuerda siempre con una chaqueta militar verde; pocos años antes era una chaqueta de cuero la prenda favorita de Verstrynge.
En la primera parte del libro el autor explica a través de diversos autores el concepto de populismo para llegar a sus causas y lo que lo justifica; los conceptos básicamente son los de E. Laclau y su colaboradora Chantal Delson (su Populismos, una defensa de lo indefendible tiene reseña en este blog http://elpolemista.blogspot.com.es/2015/11/populismos-una-defensa-de-lo.html )
Y el nivel de reflexión, eso sí, puesto al día, es este:
“El caso es que en política (no solo en economía) se ha producido algo parecido, reduciéndose las opciones del sistema a dos: la “derecha de gobierno” por una parte, y la “izquierda de gobierno”, una izquierda “de mentirijilla”, en definitiva la “izquierda de la derecha”… Entonces, ¿a quién recurrir?, ¿a quién pedir que te defienda cuando el momento social que ambas opciones defienden es el mismo?”
Así se puede distinguir entre “Populismo a secas” y “Populismo defensivo”, el primero pretendería que la regeneración necesaria fuera eficaz y duradera mientras que el segundo busca revolver la situación ante la degeneración social. Curiosamente el primero, una respuesta a la desafección, es posterior al segundo, les aseguro que la “capacidad” literaria de Jorge Verstrynge lleva a textos caóticos, a ello se suma una falsa indefinición que le lleva a utilizar constantemente argumentos de otros para construir ¿los suyos?
El autor atribuye las raíces del populismo actual a Jean Jacques Rouseau y le otorga una raíz de izquierdas porque es “por el pueblo”; pero este tiene como principal objetivo subsistir como tal, su permanencia como pueblo a través de la estructura política de la que se ha dotado: la nación.
“Si el pueblo es Dios en su país, es Dios en su nación. Es soberano sobre sí mismo en el actual marco de estructuración política: la Nación. Populismo implica, pues, nacionalismo…Y por eso todos los populismos son nacional-populismos.”
Utilizando a Guy Hermet, dado que el liberalismo del siglo XVIII obedece a una lógica de la exclusión del pueblo en tanto que fracción legal de la ciudadanía Verstringe nos lleva a la conclusión por la cual para el liberalismo si el Pueblo consigue el sufragio universal recurrirá a un despotismo autoritario de corte bonapartista o bismarkiano. En realidad, añade, “a un despotismo ilustrado hoy encarnado en Bruselas, el FMI, el BCE y el Banco Mundial.” Populismo y liberalismo, son antagónicos.
Esta vez recurre a autores como René de Lacharrière o J.F Kahn para concluir, para asombro del lector no populista, que también fascismo y populismo son incompatibles porque aunque ambos recurren a prácticas refrendarias, ¡solo el segundo recurre a la democracia directa y el fascismo sería elitista! Dice Verstrynge antes de ¡ojo!, poner al mismo nivel al Frente Nacional de Marine Le Pen, al Partido Liberal Austriaco, a Beppe Grillo y su M5S con Podemos en su defensa de “elecciones con ley electoral proporcional, multipartidismo real, Estado firme pero controlado por las Cámaras, por iniciativas legislativas populares, y por referéndums. Son, además, proteccionistas, neutralistas y defensores de la multipolaridad.” La equiparación de estos partidos en sus niveles democráticos es igualmente equiparable, en la cuestión esencial son lo mismo, añado yo.
Llega un momento especial de Populismo. El veto de los pueblos de Jorge Verstrynge, aquel en el que el autor cuenta como con ocasión del fallido golpe militar contra Hugo Chávez le pidieron consejo desde Caracas sobre qué hacer; él sugirió, justificándose en que es “medio francés” que como el General de Gaulle fusiló a Jean-Marie Bastien Thiry y arrestó a varios militares de prestigio antes de establecer el estado de excepción, pero desde el Palacio de Miraflores, Chávez le contestó: “Yo no puedo hacer eso; yo no soy un dictador; y seguro que me acusarían de ello si lo hago.”  Si el profesor quiere volver a que le declaren “manual” este libro en Venezuela este pasaje va por buen camino.
¿Hay relación entre populismo y racismo? De ninguna manera, argumenta, salvo en los casos del “Etno-populismo o el “identitarismo” radical, pero añade, ni Donald Trump, ni el Frente Nacional Francés, ni los defensores del Brexit, ni los populistas austriacos o holandeses se mueven en ese ámbito.
Tampoco con los comunistas, a los populistas “eso de la vanguardia del proletariado les suena al aborrecido elitismo.” Y vaticina, el gran enfrentamiento venidero será entre por una parte, el populismo y, por otra, los liberales y los conservadores, porque para los primeros, los demás son “tal para cual”.
A la pregunta que se hace el autor sobre si hay un populismo o hay diversos populismos se responde que cada país es poseedor de una tradición concreta, habrá tantos populismos como tradiciones, pero en todos, “el pueblo manda” y entre otras cuestiones comunes está lo que denuncia como hostilidad de los medios de comunicación establecidos hacia todos ellos, entre ellos la que sufre Podemos en España que equipara al que sufren el Frente Nacional Francés, la AfD alemana, M5S, Donald Trump… pero apela a que aunque los populismos rechazan la mundialización comercial, no así la de las redes sociales.
Y no habrá una internacional populista, pero, “En todo caso asistimos, con la vuelta del populismo y el soberanismo al derrumbamiento de los pronósticos sobre el sometimiento de los Estados nacionales al mercado, las multinacionales, etcétera. Tienen razón los que anuncian un seísmo político y económico a cargo del populismo.”

Estamos ante un libro de oportunidad, no tiene mayor valor que la pura reflexión sesgada y a la carta que Jorge Verstrynge ha realizado y que a estas alturas no puede sorprender a nadie, como él dice, no es de Podemos pero es parte de Podemos y su trayectoria justifica que se encuentre en ese lugar.
Una vez más en El Polemista, Álvarez Junco: “… desde la ida al pueblo de la intelectualidad rusa hasta la dictadura social de Perón, pasando por el nacionalismo de Gandhi o Nasser o los vagos llamamientos al hombre de la calle que prodigan los políticos de las más diversas orientaciones (…) Carecen, en general, de organización estable, de base social homogénea, de ideario o visión del mundo claramente formulados, de programa o propuestas de reforma bien articuladas… Por el contrario, predominan en ellos discursos o consignas vagos y apasionados y en lugar de vínculos formales con instituciones lo que tienen sus seguidores es intensos lazos emocionales con un dirigente carismático.”
Anti-elitismo, anti-intelectualismo y anti-tecnicismo… son cualidades esenciales de estos movimientos que son una verdadera amenaza a las sociedades democráticas en las que por medio de la desafección echan raíces.

La edición de El Viejo Topo se corresponde con la de un libro de emergencia, bien dotado de notas imprescindibles en un libro con tantas citas y apelaciones, pero una mínima bibliografía reagrupada no hubiera costado tanto.

En el índice completo de El Polemista podrán encontrar numerosas reseñas relacionadas con el tema de los populismos, tanto a nivel político como en el plano histórico: http://elpolemista.blogspot.com.es/2016/12/indice-de-el-polemista-hasta-2017.html



2 comentarios:

  1. Habrá que leerlo, de momento según el análisis realizado, el libro clava fielmente los mensajes que los dirigentes populistas han introducido a saco en las mentes de sus seguidores, y que consisten básicamente en la derogación y demonización (porque si no hay enemigo se acaba el populismo), de las instituciones democráticas actuales del mundo Occidental culpables a todas luces del deterioro de la "soberanía" del pueblo. Es el pueblo quien debe sustituir al consejo de la UE, al BCE, al parlamento, al FMI, a la OMS y a todo lo que se les ocurra, ya que no considera estar representado por las instituciones actuales.

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    1. Rebajar a la Ciudadanía a la condición de Pueblo es la premisa y esencia de todo populismo, sin duda.

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