Vladimir Putin en declive: datos para un amargo Día de La Victoria.

Mientras algunos medios anuncian extraordinarios ingresos para Rusia por la vía energética, gas y petróleo, parece pasar más desapercibido cómo estos se diluyen en una economía de guerra de la que parece imposible salir, menos aun cuando se mantiene un conflicto como el de Ucrania que no ha hecho en 2026 más que empeorar sus expectativas, para Putin que además ve cómo se hace más impopular y empieza a afectar a su valoración pública.

Según el Instituto de Estudios para la Guerra (ISW) Rusia estaría en estos meses perdiendo más territorio en Ucrania del que conquistaría, lo que no ocurría desde 2023.

A su vez la empresa estatal rusa VTSIOM indica   que la popularidad del líder ruso habría caído cerca de 10 puntos en los últimos meses y más del 40% de los rusos consideran que sus ingresos están en el umbral de lo necesario para la subsistencia.

Moscú asume un escenario de bajo crecimiento y elevada inflación, pero mantiene un gasto militar que afecta a la totalidad de la economía rusa puesta al servicio del esfuerzo bélico, no es sólo el presupuesto directo en Defensa, es que el Estado refuerza la financiación de la seguridad interna entre otras consecuencias.

En este contexto la política Fiscal se hace asfixiante para evitar el endeudamiento, ha elevado el IVA del 20% al 22% y bajado los umbrales de exención para pequeñas empresas y hogares.

El gobierno ruso admite el frenazo de la inversión, las previsiones oficiales reducen el crecimiento del PIB a la mitad (del 2,5% al 1%) en 2025, con un 1,3% para 2026, la subida de la inflación y la dependencia del superávit comercial sustentado en la reducción de importaciones más que en una expansión productiva real.

Hoy Rusia es una economía de guerra basada en la resistencia, la disciplina fiscal que se agarra a la estabilidad renunciando al crecimiento para el sostenimiento bélico y el del régimen de Putin.

Tampoco la posición geopolítica rusa mejora, muy al contrario y tras perder satélites y aliados en Oriente Medio ha visto estos días como en África han sido expulsados de territorios tan decisivos para sus intereses como Mali evidenciando una absoluta incapacidad militar como síntoma de declive. No hace falta mencionar la caída de Viktor Orban en Europa.

Y en estas circunstancias el 9 de mayo Vladimir Putin va a celebrar el Desfile del Día de la Victoria de la URSS frente a los nazis en precario:

No habrá en la Plaza Roja signo de poderío militar alguno en unas circunstancias donde se podría esperar lo contrario. No habrá exhibición de material militar salvo tropa y una pequeña exhibición aérea, según el gobierno para minimizar el riesgo terrorista de Ucrania en todo un reconocimiento de debilidad tras el fracaso en el intento de imponer la tregua al enemigo, del que además se admite que el éxito de sus ataques a las infraestructuras petrolíferas han afectado en un 40% la capacidad de exportación en el momento en el que el crudo subía de precio por la guerra de Irán.

Quizá lo más desesperante para los rusos es la certeza, que pueden constatar con su propia historia: de la economía de guerra no se puede escapar salvo el cese bélico o la quiebra y colapso total.

El siglo XX la movilización general y inflación imparable a cuenta de la I Guerra Mundial desembocó en la Revolución de 1917, o el esfuerzo bélico de la guerra en Afganistán en los años 80 para muchos analistas fueron el principio del fin del Unión Soviética.

En sus 15 años El Polemista ha tratado cuestiones similares en numerosas ocasiones tanto por medio de reseñas y análisis de libros como en artículos míos, podrán encontrarlos en:

ÍNDICE COMPLETO DE EL POLEMISTA: http://elpolemista.blogspot.com/2023/12/indice-completo-de-el-polemista.html 


Ilustración Le Grand Continent (29 de abril 2026)
 https://legrandcontinent.eu/fr/


 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Esto no existe: Las denuncias falsas en violencia de género, de Juan Soto Ivars. Negacionismo, polarización y sensacionalismo.

Si Rusia ganara de Carlo Masala, y, Trump juega con Groenlandia, por Jorge Navarro Cañada.