Tecnofascismo de Donatella di Cesare. Magnifica Humanitas de León XIV. Dos visiones complementarias desde ángulos muy diferentes.

 

“Mientras el capitalismo se lanza a la empresa extrema de una devastación  catárquica, la nueva derecha reduce la democracia hasta convertirla en etnocracia y aspira a una composición monoétnica de los pueblos (…) en el contexto de esta gestión neototalitaria de los pueblos la negativa a cohabitar con el otro puede desembocar no solo -y no tanto- en una purga, sino también en una limpieza étnica”.

Tecnofascismo. Entre la lógica del control y la política del miedo (Ed. Paidós), 192 páginas, capítulos independientes que pueden leerse de forma alterna es un libro más que recomendable, no tanto por su calidad sino por la reflexión que genera. Y aun así empezaré con una crítica:

La innovación tecnológica vista de forma apocalíptica tiende a poner en segundo plano, incluso a ignorar, sus beneficios y la aportación de emancipación que realiza. Donatella Di Cesare, profesora en La Sapienza de Roma y autora de indiscutible influencia por su extensa y reconocida obra abusa de esta visión negativa con conceptos como el Leviatán presente en toda su retórica.

Tecnofascismo es un libro oportuno, llega en plena efervescencia de la extrema derecha a nivel global para explicarlo.

Su idea central: el nuevo totalitarismo se impone desde la combinación de la tecnocracia global por la vía de hiper-tecnología y la etnocracia local por medio de la exclusión étnica y el miedo al otro. Y así desmonta, deja sin contenido a la democracia misma en nombre de la seguridad, la identidad y la eficiencia técnica.

El fascismo del siglo XXI a través de este populismo nacionalista y local no se impone violentamente, lo hace a través de la “suspensión técnica” que anula la voluntad popular. Deslocaliza los lugares de poder popular y lo transmite a las tecno oligarquías. Elon Musk sería el ejemplo máximo.

Se ha valido además de la pandemia o crisis bélicas como Ucrania en los últimos años para acelerarse y fortalecer a una élite tecno-financiera incontrolada que ha logrado que el ciudadano se haya refugiado en identidades étnicas y excluyentes alimentando la ascensión de las derechas.

(Por cierto, muy discutible respecto a Ucrania, la autora antepone su reflexión sobre la naturaleza de la Democracia a la que no se puede armar por no ser un régimen, con la defensa de un Estado legítimo a frente a la invasión exterior de un enemigo manifiesto de esta).

Los Estados Unidos de Donald Trump ha sido el laboratorio para esta combinación de autoritarismo y racismo, frente a inmigrantes, feministas, colectivos LGTB, discapacitados, enfermos se han establecido muros, fronteras, protección… para hacer de la democracia estadounidense una democracia inmunitaria y la política se transforma en un proceso de descontaminación.

“Para eludir esta suspensión técnica de la democracia, que va unida a una reactivación de la soberanía en clave étnica, se podría hablar de tecnofascismo, un proceso que ha encontrado su caldo de cultivo en un estado de excepción reiterado, que, como cabía prever, ha favorecido el auge de la nueva derecha”.

Hemos asistido al paso del estado de alarma al estado de excepción, la pandemia habría tenido su papel destacado en ello.

En algunos momentos el libro, insisto, cae en el exceso rozando, me permito la licencia incorrecta, la “conspiranoia” paso previo al negacionismo (al que no llega).

“Casi en la confirmación de la profecía de George Orwell, los liberales se retrataron y se revelaron como iliberales, dispuestos a defender la democracia por medios antidemocráticos”.

El tecnofascismo se nutre de la idea de la política como una indicación de los expertos, una mera tarea administrativa neutral cuyo único objetivo sería su buen funcionamiento independientemente de justicia, igualdad y solidaridad. Lo fines desaparecen en favor de los medios, de hecho los fines han desaparecido.

Un caso práctico:

“Esos dirigentes israelíes que han alegado actuar en nombre del Estado nación judío tendrán que rendir cuentas algún día por la deshonra en la que han sumido a los descendientes de los campos de concentración. Aunque la ética hebraica afirme que es imposible un yo sin el otro, incluso sin un tercero, hoy está imaginando ya su futuro en exclusiva, sin el otro. La extrema vulnera propia nunca puede justificar la deriva de la violencia identitaria. Lo que vale para Israel vale para cualquier etnocracia potencial”.

No me resisto, llegados a este punto, a citar la primera encíclica del papa León XIV Magnifica humanitas en la que advierte contra el tecnofascismo, transhumanismo y el poshumanismo. En lo que a ello se refiere selecciono citas para no darle interpretación niguna:

Quien controla la IA impondrá su propia visión moral, que se convertirá en la infraestructura invisible de los sistemas. Pequeños grupos muy influyentes pueden orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio, contradiciendo la justicia social y la solidaridad entre los pueblos”.

Avisa:

“Se necesita una política más presente, capaz de ralentizar donde todo acelera y de proteger los espacios en los que las comunidades pueden seguir participando e interrogándose. La idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos. Este es el riesgo de la deshumanización”.

Pide:

“…reflexión ética y humanizadora, el creciente poder de los sistemas digitales corre el riesgo de conducirnos hacia nuevas atrocidades, no menos vergonzosas que las del pasado que hoy deploramos, mientras seguimos presentándonos como sociedades ‘avanzadas’ y ‘civilizadas’ (…) vivimos en una época de notable ceguera espiritual y cultural en la que un falso pragmatismo invita a cortar las raíces de la memoria (…) creyendo ilusoriamente que las atrocidades del siglo XX ya no pueden repetirse. En realidad, las mismas dinámicas resurgen bajo nuevas formas

Advierte:

La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora (…) No basta con invocar la eficiencia ni con alabar los beneficios de la innovación, si estos se basan en una cadena de explotación que se mantiene deliberadamente oculta”.

La encíclica aborda muchos más temas, por ejemplo critica la transformación del Derecho Internacional en derecho del más fuerte. El choque con Donald Trump y todo lo que significa es palmario y directo.

"la superación de la teoría de la guerra justa, invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto"

Y reivindica:

"El movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos de América, vinculado al testimonio de Martin Luther King Jr., o el fin del apartheid en Sudáfrica después de la liberación de Nelson Mandela y su decisión de no poner el futuro en manos del odio".

En los 15 años de vida de este blog y sus cientos de artículos y reseñas de libros podrán encontrar todos estos temas tratados desde diversos puntos de vista.

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