El balón geopolítico, más fútbol en la historia que historia del fútbol. Copa Mundial FIFA 2026. Por Jorge Navarro Cañada.
48 selecciones nacionales competirán desde el 11 de junio hasta el 19 de julio en EEUU, México y Canadá, comenzando desde estadio Azteca en la ciudad de México y disputando la final en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Serán 104 partidos en 16 sedes.
Si las cuentas le salen a la Federación Internacional de Fútbol Asociación, FIFA, (211 federaciones de fútbol nacionales, contando con 17 países afiliados más que la ONU), obtendrán beneficios de hasta 14.000 millones de dólares. Pero lo se juega en torno a ello nadie lo puede cuantificar, no sólo materialmente.
Este Mundial de Fútbol 2026 bate el récord de participantes, pero también en cuanto a repercusión a todos los niveles tiene este deporte coincidiendo con un momento en el que la geopolítica promete convertirlo en un acontecimiento de enorme importancia que superará con mucho el concepto de actualidad para entrar en la historia mucho más allá del propio fútbol.
Un personaje tan poco recomendable desde el punto de vista ético y deportivo como el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, se ha proclamado a su vez como autoridad política, financiera y estratégica muy por encima de muchos de los participantes y se comporta como si fuera el jefe de Estado de una potencia. Y ciertamente alguna de sus decisiones podrían tener esa magnitud.
Una inmediata: garantiza la participación de Irán en el torneo a pesar del intento de su premiado y obsequiado Donald Trump de impedirlo. Aun así queda por ver cómo se podrá desenvolver el Team Melli en Estados Unidos, no sólo su presencia no estará exenta de tensiones, ya a finales de abril la delegación iraní no pudo asistir en Canadá al Congreso de la FIFA. A pesar de haber exigido condiciones como alta seguridad, concesión de visados, respeto personal a todos los miembros de su delegación… y el presidente de la Federación Iraní, Mehdi Taj, ha advertido que impedirles un “normal” torneo mundialista tendría repercusiones en las negociaciones con Estados Unidos.
Ya sabemos que por motivos excepcionales la selección de futbol de Irán ha trasladado su sede Arizona (Estados Unidos) a Tijuana (México).
No es menor el tema, al margen de Irán, de las políticas en materia de visados de Donald Trump y su actitud hacia todo lo que pueda llegar de fuera, el sector turístico en general y los hoteleros estadounidenses en particular, han mostrado su decepción porque el número de reservas no está a la altura de las expectativas, por la combinación de precios y dificultad den la gestión del viaje.
No obstante habrá que estar atentos, aunque el Congreso de EEUU ha debatido la una iniciativa que establece que “no podrán utilizarse fondos federales asignados al Departamento de Seguridad Nacional ni al Departamento de Justicia, salvo en circunstancias urgentes, para llevar a cabo actividades de control migratorio civil al amparo de la legislación migratoria en un radio de una milla en torno a cualquier partido del Mundial FIFA de 2026 o de cualquier FIFA Fan Festival” y que equivale a impedir al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) operar durante los actos del torneo, la realidad puede luego ser distinta, no olvidemos que EEUU impone a 50 países, entre ellos los participantes Costa de Marfil, Haití, Irán y Senegal, fuertes restricciones migratorias.
Los precios de las entradas por su parte han generado mayor controversia en México donde se han puesto inalcanzables para el ciudadano común, pero en general estamos asistiendo a la expulsión del aficionado del Mundial cuando en realidad se debe a él (no es el caso, ni por no poder pagarlo ni por aficionado de Donald Trump que admite no estaría dispuesto a pagar los más de mil dólares que cuesta asistir al inaugural EEUU-Paraguay).
Este Mundial 2026 se celebra simultáneamente en EEUU, México y Canadá ¿qué competencia veremos entre los tres más allá del poder blando que está en juego y que no podemos menospreciar?
Deberíamos, aunque no podemos, ¿descartar que Donald Trump lo convierta en un ariete de sus políticas de abierto desprecio a sus vecinos? ¿Le darán estos una lección de cómo se celebra un evento internacional?
Históricamente el fútbol, y también los mundiales han sido escaparate de regímenes varios, el primero en hacerlo de forma extrema fue la Copa de la FIFA de 1934 en la Italia fascista de Benito Mussolini que la utilizó para proyectar internacionalmente la imagen de fuerza y unidad del régimen fascista italiano.
En este sentido y con el fútbol mucho más universalizado, el Mundial Argentina 1978 constituyó otro ejemplo de la instrumentalización política para transmitirle al mundo que mientras miles de opositores eran encarcelados, torturados y asesinados por la dictadura militar argentina, el régimen lo utilizaba como mecanismo de construcción de consenso interno y silencio de las críticas internacionales.
Pero en Catar 2022 asistimos al ascenso de los Estados del Golfo como actores centrales de la élite y mega inversión deportiva global. Puro soft power de éxito mientras el mundo miraba a otra parte en materia de derechos humanos o explotación humana. (Concepto de poder blando de Joseph Nye, es la capacidad de influir en otros actores por medio de la atracción cultural, simbólica e ideológica, a diferencia de la coerción militar o económica).
¿Tendremos alguna sorpresa de mano de Trump para reafirmar su pretendido liderazgo mundial para EEUU? ¿Y si lo hace para su opinión pública en materia migratoria o política? ¿Podría realizar gestos para incidir en su presión a Canadá y México?
Riesgos políticos y sociales, capacidad en infraestructuras y estado de las mismas, Seguridad interior y exterior, situación económica y recursos (incluidos, por ejemplo, sanitarios), enfermedades infecciosas, clima… ¿están los tres organizadores en similares condiciones para afrontar el campeonato? ¿Tendremos manifestaciones políticas o nacionalistas paralelas al campeonato? Y actores inesperados como terroristas, narcos, mafias… ¿Podrían aprovechar la coyuntura?
El Fútbol ha sido tratado en más ocasiones en El Polemista a lo largo de sus más de 15 años y sus cientos de artículos y reseñas de libros, pero sin duda el Mundial FIFA es una de sus máximas expresiones, históricamente hemos visto de todo, incluso efectos intangibles como el psicológico en sus ganadores, también en sus organizadores. España lo sabe, si nuestro España 1982 supuso un desastre organizativo y deportivo que sirvió para evidenciar el mal estado del país y su atraso con respecto a la Europa más desarrollada, para su ganador, Italia, supuso una inyección de ánimo y cohesión nacional que le ayudó a superar problemas políticos de la magnitud de lo que se llamaron “Años de plomo”. Esta es una opinión común a numerosos historiadores y politólogos. Toda una dosis de optimismo y confianza, menor, pero también, la que obtuvo España tras su victoria en Sudáfrica 2010. Tantos años después Andrés Iniesta sigue siendo un verdadero héroe nacional.
¿Qué repercusiones en la psicología colectiva tendría un éxito organizativo sin paliativos de cualquiera -o las tres- organizadoras? ¿Y un récord en sus expectativas deportivas? ¿Nos imaginamos un buen mundial de Irán? ¿Y un desastre de EEUU?
¡Es el Fútbol! En todos estos aspectos todo un acontecimiento que no nos perderíamos por nada del mundo; o del Mundial.
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Viñeta de Adrián Palmas

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