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Irán, un antes y un después. ¿Un acuerdo de paz? ¿Quién gana? Por Jorge Navarro Cañada.
La única certeza que deja este conflicto es que las relaciones
internacionales en la era Trump no son codificables, tampoco a través de
acuerdos, tratados, leyes…; estamos ante un espacio líquido en el que la fuerza
y la decisión a tiempo real y sin ningún tipo de convención legal se imponen.
De momento y a día de hoy si podemos constatar una
relativa victoria de la República islámica de Irán:
El régimen se apuntala, legitima y fortalece tras una
verdadera crisis; puede vender a nivel interno su resistencia y martirio a los
enemigos indiscutibles de EEUU e Israel y su capacidad de ataque y destrucción
en Oriente Medio muy por encima de lo que se esperaba.
Sus proyectos nucleares, ciertos o no, se han convertido
en objeto de negociación e intercambio.
Evidencia capacidad de resistencia militar y económica
hasta el extremo de estar dispuesto a pagar cualquier precio por ella, una
ventaja en cuanto a su fortaleza psicológica pero que le sitúa en un plano de “indestructibilidad”
hoy inasumible para ninguna potencia.
Cambia las reglas del juego en las relaciones de fuerza
regionales en la que sin duda es la mayor, aunque no la única, derrota
importante para Israel: su proyecto de dominio absoluto de Oriente Medio como súper
potencia militar dotada de un espacio de seguridad inexpugnable tras la “destrucción”
de palestina, Líbano y Siria queda en claro entredicho.
Otro alto precio que a día de hoy no somos capaces de
cuantificar para Israel será el coste del deterioro en sus relaciones con sus
aliados y la evidencia de su falta de credibilidad y fiabilidad además de pérdida de imagen; con sus
socios europeos queda por ver en qué se traduce a la medio-largo plazo, pero
con Estados Unidos, si bien no con respecto al gobierno de Donald Trump -es probable
que sus aparentes divergencias no sean más que una representación
propagandística- sí podrían serlo en el futuro.
Irán ha logrado por su parte debilitar la posición de EEUU
como garante de la seguridad de sus socios árabes; simplemente ha demostrado
que no puede defenderlos tal y como garantizaba y ello abre un nuevo tiempo en
las relaciones internacionales de Oriente Medio en el que van a pesar más
elementos geoeconómicos además de los geopolíticos, y en esos nuevos espacios entran
de lleno actores como China, Pakistán, India… en papeles antes secundarios.
Es importantísimo el aspecto económico, si bien de él los
matices son mucho mayores:
Teherán logra constatar su poder para generar crisis
globales, otro de sus logros no cuantificables pero trascendentes. Queda por
ver su capacidad de recuperación tras los daños sufridos, aunque vuelvo a sus
demostradas posibilidades en lo que a asimilar estos ha mostrado.
¿Y políticamente?
En el caso iraní es probable que estemos ante un retroceso
del poder religioso en favor del militar en un proceso inverso al que se ha
producido desde el triunfo revolucionario en 1979, esa es una evolución que
queda por ver pero que puede ser de una magnitud ahora incalculable. ¿Asistiremos
a una mutación del régimen de los ayatolás hacia un modelo mixto con mayor presencia
militar en la toma de decisiones en detrimento de la Guardia Revolucionaria
islámica? Habrá que estar muy atentos porque las consecuencias pueden ser
determinantes a medio plazo.
EEUU por su parte tiene sus mayores derrotas en el
abrumador fracaso respecto a los planes iniciales de esta intervención a diferentes
niveles, quizá también de pérdida de influencia que antes citaba.
Pero es cierto que tras el cierre del estrecho de Ormuz y
el consiguiente parón al flujo de hidrocarburos y fertilizantes han funcionado
de forma aceptable medidas como la liberación de reservas, el uso de rutas
alternativas al Golfo Pérsico…sobre todo se ha evitado una crisis financiera de
gran magnitud compensando los efectos con las inversiones en Inteligencia
Artificial (IA) y lo que ello implica, además los norteamericanos han logrado
hacer un gran negocio manejando en su beneficio el precio de gas y petróleo.
Obviamente los paliativos funcionan en caso de una vuelta
a algo parecido a la anterior normalidad, porque las posibilidades que las tensiones
acumuladas terminen afectando de forma inflacionaria descontrolada están ahí y
por ejemplo Europa si muestra mayor debilidad, sin duda uno de los mayores
perdedores de una guerra en la que no ha sido más que un observador incapaz de
mostrar influencia ninguna y víctima de sus dependencias. Ahora se ofrecen
desde la eurozona a levantar sanciones a Irán como gesto para celebrar el “acuerdo
de paz”.
China ha aumentado su influencia geopolítica y geoeconómica,
además ha sabido evitar la crisis tirando de reservas y desviando exportaciones
apoyándose así en la demanda externa. Quizá los chinos puedan presumir de haber
sacado beneficios de esta crisis en forma de prestigio, solvencia e influencia,
aunque también queda por ver el coste global de lo sucedido y en qué medida afecta
a un mundo que aunque menos, continúa siendo global.
En fin, de una forma u otra, este acuerdo de paz, cómo se
ha logrado en forma, fondo y plazo, no es más que una constatación de la
inestabilidad mundial que ha llegado para quedarse por mucho tiempo, y es
seguro que en el caso de Oriente Medio, y más en el Golfo Pérsico, no va a dejar
de dar malas noticias.
Imposible pasar por alto los daños humanos y materiales
por una guerra que no lo olvidemos, era tan innecesaria como evitable y se ha
producido por una mezcla de banalidad, estupidez y mal cálculo, veremos qué
precio les toca a pagar -si tiene alguno- a sus responsables. Aunque sólo sea
político en forma de premios o castigos electorales, de purgas…
En los 15 años de vida de este blog y sus cientos de
artículos y reseñas de libros podrán encontrar todos estos temas tratados desde
diversos puntos de vista.
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