Autodestrucción Woke de Marina de la Torre, y, ¿es tan malo el Woke? Un enemigo necesario y central en la revolución Reaccionaria.


El entramado basado en la justicia social vista desde elementos fundamentados en valores como la integración, inclusión, revisión, equidad, empatía, tolerancia, asistencia, convivencia... sometida como cualquier movimiento de comportamiento social a su necesidad, conveniencia, abuso, carencia, defecto, exceso... que viene del stay woke (permanece despierto) y que conocemos como Woke se ha convertido en el elemento señalado en la ola Reaccionaria como causa de todos los males y ruptura del orden social y los consensos de la modernidad. Así la Izquierda, ecologistas, feministas... hubieran logrado una nueva forma de dictadura que transforma la lucha de clases en imposición de raza, género y orientación sexual que anularía la identidad natural del ser humano en favor de una nueva versión de este sostenida a través de medios de imposición, fundamentalmente la cancelación a nivel social, la autorrepresión en el individual. 

La rebelión en la sociedad Occidental de los fracasados, neuroconvergentes, descarriadas, negros, musulmanes, homosexuales... tendrían así garantizados sus espacios de igualdad ante colectivos que se ceñirían al derecho basado en el contrato social convencional de forma impuesta por élites postmodernas que asegurarían así su preeminencia. He dicho antes igualdad aunque los sectores ultraconservadores que postulan esta Reacción manifestados políticamente en formaciones y organizaciones de extrema Derecha, integristas cristianos y sus medios afines denuncian sus ventajas para el acceso a empleos, vivienda, servicios sociales... por esta vía. 

¿Es todo esto del Woke tan malo? La realidad es que el nivel de integración, convivencia y extensión del Estado de Bienestar que ha logrado es el mayor es el mayor de la historia de forma cuantificable sin ser posible negar excesos y deficiencias. Estas se han convertido en el motor y excusa en la explicación del fracaso de sectores sociales que se han quedado descolgados en los cambios tecnológicos y las crisis económicas y sociales del siglo XXI, también a quienes se han sentido perjudicados por las legislaciones en defensa de los derechos de los grupos que han gozado de esa protección. Los ejemplos más claros estarían en sistemas de cuotas, adaptación de las legislaciones a la garantía de seguridad y cobertura de estos grupos entre los que están incluidos minorías perseguidas en razón de raza, sexo, religión... o simplemente mujeres maltratadas, explotados, medio ambiente... 

Hablamos según sus enemigos de la desaparición del eje Izquierda-Derecha, socialismo-capitalismo, en favor de un posmodernismo relativista al que la Izquierda se habría acogido una vez derrotada en los planos anteriores. 

En realidad estamos ante una negación radical de todo relativismo aplicado al orden social (la realidad es interpretable dependiendo del punto de vista desde la que se aborda) en favor de una visión única y concluyente de lo real.  

Marina de la Torre, conocida en redes sociales como Anima, plantea en Autodestrucción Woke. Auge y declive de los cultos posmodernos (Ed. Penguin Random House) un escenario apocalíptico en el que es difícil resistir la necesidad de 'echarse a la calle': “ Mientras ellos llenan sus arcas con el botín de sus corruptelas y se regodean en sus excesos, te señalan a ti como un enemigo por no encajar en su manual de virtudes; si no te conformas con comer carne de tofu para demostrar tu conciencia animalista, si no cambias la libertad de tu coche por la bici o el transporte público a hora punta, si no te resignas a hacer coliving o a compartir piso con desconocidos bien entrada la treintena, si no pones la lavadora a horas absurdas para ahorrar unos céntimos y salvar el planeta, entonces, felicidades, eres un peligro público. Y no se te ocurra decir nada, porque la justicia social caerá sobre ti como una sombra implacable." 

No se asusten, el tono del libro comienza así pero después presenta una apuesta aparentemente racional. Y eso que estamos ante un texto que adapta al mundo de hoy un ideario de integrismo (en ocasiones pre Ilustrado) que no deja de sorprender pero que merece la pena conocerlo porque guste o no va ganando espacio en nuestras sociedades.  

En España este tipo de libro ha llegado tarde y lo ha hecho imitando al fenómeno foráneo, sin embargo hoy tienen gran éxito en ventas e influencia, sin duda el de mayor repercusión es Juan Soto Ivars en lista de ventas, columnista y tertuliano destacado; su última cruzada de alcance ha sido su alegato contra las falsas denuncias de mujeres maltratadas, como es habitual y método en estos argumentarios se parte de una realidad para dotarla de cálculos estimados sin soporte en datos (puesta en duda de los oficiales) y se apela a expertos siempre anónimos que terminan dando el resultado deseado. En su caso la discriminación legal brutal que el Hombre en España sufre a manos del feminismo coercitivo. No deja de ser una adaptación nacional a autores de cierta calidad como Douglas Murray, un ‘malismo reaccionario’ que todavía seduce. En El Polemista Esto no existe: Las denuncias falsas en violencia de género, de Juan Soto Ivars. Negacionismo, polarización y sensacionalismo.  http://elpolemista.blogspot.com/2025/12/esto-no-existe-las-denuncias-falsas-en.html 

Marina de la Torre hace todo un catálogo de la pseudoreligión Woke como doctrina totalitaria (se agradece la presencia de autores cumbre del conservadurismo moderno español como Dalmacio Negro para los que tuvimos la suerte universitaria de sus enseñanzas, aunque sea para compararlo con el nazismo, desgraciadamente la densa cita de autores en la obra no coincide en absoluto con la breve bibliografía de la misma, quizá por un uso diferente al tradicional para la documentación de la misma, pero el lector lo agradecerá igualmente). 

El hombre postmoderno sería un puer aeternus que niega su crecimiento, un individuo atrapado en su pasado infantil que se niega a asumir su responsabilidad adulta en un idealismo extremo. Superficialidad disfrazada de encanto, narcisismo de sensibilidad en una existencia marcada por la incompletitud que en un contexto de polarización política se ha traducido en una inquisición moderna a la caza del hereje en forma de hombre racional, consciente y responsable de su identidad, la víctima necesaria de la dictadura Woke (el lenguaje que leen no es mío, es el tono del libro en el que como en todo el espectro ideológico en el que se desenvuelve el victimismo es la norma sumada a la identificación del enemigo causante). 

“La doctrina en clara: el hombre es responsable hasta de su propia desgracia; la mujer, inocente incluso de su inacción (...) El hombre debe cargar con su cruz, mientras que la mujer debe hacerlo, con su corona de víctima”.  

En el capítulo dedicado a la “Yihad violeta” como en casi todos los del libro tiene cabida la actualidad, por ejemplo al caso Errejón-Mouliaá, a estas alturas ya habrán intuido que estamos ante un libro ágil, dinámico y de fácil lectura. 

Para Anima queda evidenciado que los “hombres y las mujeres de la izquierda woke son tal para cual”: él busca el sexo fácil que se aprovecha de las mujeres débiles a las que considera inferiores y no las trata con respeto. Ella, persigue el poder a cambio de sexo y compite con similares de forma violenta y descarnada. Ni ellos ni ellas creen verdaderamente en el relato de la violencia sexual que han construido. 

Así hemos llegado a una justicia asimétrica, la legislación del machismo con perspectiva de género, todo ello para negar la violencia de género. En este apartado de nuevo se citan desde personajes de la actualidad como Irene Montero a especialistas como Paz Velasco para explicar la violencia femenina, quizá desde la criminología en España quien mejores libros nos deja, desgraciadamente de nuevo no aparece en la bibliografía. 

Por esta vía llegamos al velo islámico y de ahí al yihadismo, peligro creciente con la presencia musulmana cada vez mayor “ante el que hemos abandonado las armas, tanto racionales e ideológicas como espirituales”. 

Si consideramos la biología como la cultura al analizar las diferencias de género podremos llegar a una igualdad que respete la diversidad inherente a la humanidad y no homogeneizarla: la biología humana como campo de batalla ideológico nos lleva al Woke refutando el dimorfismo sexual. En su cosmovisión posgénero, los genitales no son destino, sino obstáculos. Avanzamos a la transexualidad, disforia entre cuerpo e identidad y como patologizarlo no es estigmatizarlo. 

Según Anima, la homosexualidad no se elige ni es una enfermedad, es parte de la identidad de cada individuo como factor biológico, pero en los años noventa llegó la teoría queer que cuestiona las categorías binarias de género y sexualidad, y aunque David Bowie desafiaba al modelo masculino con arte y genialidad, el colectivo LGTBIQ+ pretende convertir lo antes marginal en una norma: “si la visión de hombre y mujer es completamente subjetiva, ¿en qué se basa la orientación sexual? Tendremos que crear nuevas categorías y orientaciones para cada género percibido. Y en este sinsentido el colectivo LGTBIQ+, que abandonó su función para servir como sujeto revolucionario de la nueva izquierda woke, se deconstruye a sí mismo y pierde su razón de existir”. 

Autodestrucción Woke denuncia que frente a la contención, de celebra el caos como libertad llegando a una identidad líquida hasta lo absurdo.  

No me imagino como sería una interpretación con estos postulados de la obsesión de la extrema Derecha estos días: el fenómeno therians. 

Conceptos como la cultura de la violación serían contrarios al propio modelo cultural y sirve de introducción a la sexualidad occidental para acabar en una defensa de la monogamia como enfoque más afectivo para preservar el orden social mayoritario. Frente a ella, los “experimentos modernos” como el poliamor o la anarquía relacional, espacios que la Izquierda aprovecha para amenazar con el terror sexual) repito, el tono apocalíptico es el del texto y a estas alturas ya es abiertamente religioso, es posible que sirva para entender mejor la forma en la que está elaborado el libro). 

En los rincones de la red nació un varón derrotado, no sólo por las mujeres, también por el relato del éxito superficial y la autosuficiencia emocional. De ahí aparecen los aislamientos románticos y sexuales. Por ejemplo los Incel: una cosmovisión nihilista donde el hombre es la víctima de un deseo convertido en mercado manipulado. O los MGTOW (Men Going Their Own Way) que se retiran de él y renuncian al sexo y al afecto compartido. ¡Y las feministas institucionalizadas los etiquetan con la palabra manosfera como sinónimo del enemigo! Y ello cuando no son más que la consecuencia del momento de polarización identitaria que nos desconecta del afecto real y la estigmatización de la masculinidad. 

La cancelación tiene su apartado destacado, incluso cayendo en la anécdota facilona de los artistas que la denuncian frente a tiempos pasados. Marina de la Torre la define como una forma de expiar culpas para quienes sienten remordimientos de sus propios actos, presentes o pasados. Silencian a aquellos con falta de empatía que según la autora son los canceladores quienes quieren hacer desaparecer al otro por atentar contra su visión de lo correcto como sublimación exculpatoria. No deja de ser curioso leer una argumentación de esta índole a grupos que hacen de la prohibición y el castigo a colectivos diferentes una forma de hacer política o de amenazar con ello cuando alcancen el poder. 

Eutanasia para un Occidente terminal. Así comienza a explicar lo diferente que es Oriente de Occidente, este fruto de la interacción entre la racionalidad grecorromana y la espiritualidad cristiana primero, después católico y latino (del latín) mientras Oriente se hacía por medio del califato islámico y luego al influjo de las cortes japonesas y chinas. Pues bien, esta fractura se solidificó ¡en la Reconquista española! Todo ello a su manera para hacer una velada defensa del cristianismo, incluida la crítica a la Ilustración como reemplazo al culto a lo sagrado por la razón. Y es que estaríamos deconstruyendo Occidente y perdiendo los valores Occidentales por la vía del globalismo ideológico contemporáneo que impone una estandarización de pueblos y culturas. En nombre de la diversidad, se alimentan políticas que buscan destruir lo común. 

Estamos ante un ideario que perfectamente podría firmar J.D. Vance. El de hoy, no el de Hillbilly, una elegía rural, que también encontrarán en El Polemista: http://elpolemista.blogspot.com/2017/05/hillbilly-una-elegia-rural-de-jd-vance.html 

Los últimos capítulos del libro son un ataque contra el activismo y el individualismo, una defensa de las jerarquías y la tradición amenazadas por el igualitarismo y la peligrosa deriva europea que imita a lo peor de los totalitarismos orientales que bajo el disfraz de seguridad y orden erosionan los valores de la libertad. 

Un elemento que fluye en todo el libro es la idea de la muerte de Dios y el nacimiento del superhombre de Nietzsche, la posmodernidad habría acabado ahora con este. La muerte del sujeto sería la manifestación extrema de una crisis cultural y existencial. 

Autodestrucción Woke. Auge y declive de los cultos posmodernos es un libro de este tiempo aunque parezca mentira. Un delirio anti Ilustrado que hubiera generado una carcajada fuera del marco integrista pero que hoy compite con obras notables en las plataformas digitales, probablemente no lo veremos en los escaparates de las librerías de calidad. 

Estos discursos hoy están vigentes y presentes guste o no, son una amenaza real para las libertades que tanto han costado pero que no deben seguir siendo ignorados justo por ello. Y por supuesto, por mantener vivo el legítimo debate entre todas las posiciones ideológicas mientras podamos y no se impongan estas. 

En El Polemista pueden encontrar a lo largo de sus 15 años numerosas reseñas de libros y artículos míos. 

ÍNDICE COMPLETO: http://elpolemista.blogspot.com/2023/12/indice-completo-de-el-polemista.html 

 



 

 

 

 

 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Esto no existe: Las denuncias falsas en violencia de género, de Juan Soto Ivars. Negacionismo, polarización y sensacionalismo.

Si Rusia ganara de Carlo Masala, y, Trump juega con Groenlandia, por Jorge Navarro Cañada.