De inicio: los primeros y máximas víctimas de esta crisis
en Ceuta son decenas de muertos en su intento de alcanzar una vida mejor.
¿Le interesaba a un país en crecimiento y necesidad de
mostrar estabilidad y credibilidad como Marruecos presentarse ante Europa -su
mayor e imprescindible socio- como una amenaza en un problema crucial como el
migratorio?
¿La desesperación y miseria que se deduce de la marcha caótica de decenas de miles de personas fuera de su país en un absoluto
descontrol por parte del Estado es lo que quería mostrar el reino alauí en
plena celebración de la Fiesta del Trono?
Si tomamos distancia del acontecimiento podemos observar
un país, Marruecos, en plena fase de crecimiento -y dependencia en ello- con
una excelente cobertura geopolítica -apoyo incondicional de EEUU, Israel…-
frente a una Europa en retroceso.
Estamos pues ante una circunstancia que podría deberse a la
suma de factores, que van desde la descoordinación de instituciones en gestión
y prioridades en el Estado marroquí sumado a un mal cálculo del control que
este tendría ante su propia población; así podría haber sido objeto de engaño y
manipulación por grupos con diversos intereses que van desde lo político, hasta
los propios de mafias de migración y manipuladores en redes sociales. En
definitiva, a Marruecos se le habría ido de las manos una operación que debía
haber sido controlada.
No le va a salir gratis un hecho como este a un país que
ya genera desconfianza por sus colectivos migratorios y sus problemas sociales
en varios países europeos y que de esta forma de convierte en una amenaza real.
Europa: Tras la reacción inicial de varios Estados
movidos por intereses ideológicos e insolidarios, ¿pueden sostener un posición
objetivamente absurda que les posiciona paradójicamente en el lado de EEUU e
Israel es sus posiciones claramente xenófobas y lo que es peor antieuropeas?
¿Pueden los Estados como tales situarse en el lado de la extrema Derecha
euroescéptica?
Vamos a asistir a como reculan primero -Italia ya lo ha
hecho- y a una corrección hacia una posición unitaria después. De otra forma la
deslealtad se convertiría en un error estratégico que a países con “problemas”
pendientes como Lampedusa o Groenlandia, no digamos la amenaza rusa, puede no
interesarles.
España: sin duda la mayor perjudicada, ha visto cómo su
relación -aparentemente sólida- con Marruecos se resquebraja, siendo necesaria
para ambos, y asiste a una posición en política Exterior más débil de lo podía
prever. Todo ello en un acontecer que en primera instancia estaría resuelto y
no debería dar muchos más quebraderos de cabeza salvo en la política interna.
Pero no sólo el gobierno, que ha intentado defender lo
indefendible en cuanto a la actitud marroquí y no ha podido evitar un grado de
alarma importante en la sociedad española, también en la Oposición que se ha
visto sorprendentemente atrapada en la estrategia contraria a los interese españoles
de estadounidenses e israelíes, es que, y mucho más grave, un posible gobierno
PP-Vox le ha mostrado a Marruecos el poder que tiene, además de para poder
chantajear al país, de hacer quebrar al propio gobierno de coalición generando
crisis calculadas. Otra opción desastrosa, y sería la alternativa, que España
entrara en una escalada de tensiones con Marruecos de imprevisibles y en ningún
caso positivas consecuencias para ambos.
No olvidemos tampoco el peso de las comunidades de
inmigrantes marroquíes en España -y en otros países europeos- y situaciones
conflictivas que pueden aparecer en diversas formas. De hecho, estos días son
susceptibles en España de tensiones que recuerden a enfrentamientos entre
comunidades que ya hemos visto antes y que grupúsculos extrema Derecha sin duda
intentarán provocar.
Pero que nadie dude que en todas sus variantes, las relaciones
entre ambos países sufrirán un antes y un después a lo sucedido.
¿Y Ceuta y Melilla? Pues el futuro queda en el aire y la
posibilidad de un cambio en su estatus irá ganando terreno en el debate público por inevitable. La
pregunta, y aquí me atrevo a aventurar, es si para Marruecos sería suficiente
un “acuerdo tipo Gibraltar” con fórmulas de soberanía compartida o si para el
reino alauita ambas ciudades deberían entrar en acuerdos más amplios que
incluyeran cuestiones que le son estratégicamente más importantes y que afectan
a otros conflictos territoriales, energéticos, comerciales…
Es cierto que la coyuntura geopolítica no ayuda a España,
máxime mientras Donald Trump dirija un orden internacional en el que Marruecos
es una pieza clave -gobierne quien gobierne a los españoles- y Europa una
potencia a la que reducir a mero satélite, además de, no lo olvidemos,
intereses económicos y financieros vinculados al crecimiento marroquí que
podrían dar noticias negativas en la competencia de ambos países.
En suma, no hay ganadores de unos hechos que han
generado, no lo olvidemos, decenas de muertos, seres humanos que buscaban
soluciones a su miseria y por los que, fundamentalmente la irresponsabilidad de
Marruecos, ha demostrado un absoluto desprecio.
En los 15 años de vida de este blog y sus cientos de
artículos y reseñas de libros podrán encontrar todos estos temas o similares.
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