Una segunda mitad de 2026 en guerra ¿Viene la tormenta perfecta? Por Jorge Navarro Cañada.

Más allá del intercambio de ataques entre EEUU e Irán que pueden ser un indicador claro de la inminencia de un conflicto mayor en intensidad y duración, hay señales si cabe más preocupantes y que además convergen.

En Irán la guerra de “resistencia” a la agresión conjunta de sus enemigos existenciales ha logrado generar cohesión en la población y darle una nueva vida a un régimen, el de la república islámica, que estaba en decadencia y en riesgo real de colapso. De esta forma la guerra pasa a ser un incentivo que es aun mayor por cuanto a día de hoy sus atacantes no pueden darle nada mejor; es la consecuencia de haber iniciado un conflicto sin más objetivo ni previsión más allá de la caída del régimen de los ayatolás en uno de los desastres geopolíticos de EEUU más inexplicables en años, desde luego completamente descalificador de la política Exterior de Donald Trump que en sólo dos años ha sufrido una derrota en su guerra arancelaria primero y ahora militar (se cual sea el resultado final el fracaso en el objetivo inicial y sus consecuencias ya es ineludible).

El parlamento de Israel (Kneset) votó el 17 de julio su propia disolución y confirmó que las elecciones se celebrarán el 27 de octubre. Y van a girar en torno a las responsabilidades de Netanyahu por el atentado terrorista del 7 de octubre de 2023 (coincidirá con el aniversario), sus problemas judiciales, personales e institucionales, los conflictos miliares en los que está sumido, y la llegada a la competición electoral del general Gadi Eisenkot con una propuesta que escapa al eje Derecha-Izquierda para situarse en el plano de la Seguridad y la Defensa. De momento las encuestas le dan perspectivas espectaculares al mismo tiempo que pronostican un posible bloqueo a la hora de formar gobierno por la dificultad que parece habrá a la hora de formar coaliciones. No obstante, la situación bélica en estos meses hasta entonces será decisiva y la popularidad de su contundencia en una sociedad que se siente en amenaza extrema y permanente es indiscutible.

Tendrá consecuencias directas con respecto al enemigo máximo: hoy Irán (probablemente las tensiones con Turquía irán acelerándose a corto plazo).

EEUU por su parte, el actor principal ya que es el agresor inicial y quien tiene la capacidad de manejar una situación que puede hacer tentadora la opción de zanjarla con una guerra larga que incluya elementos combinados de guerra convencional e híbridas (atentados, tecnológicos, boicots…) y como solución definitiva la invasión terrestre, una operación que hoy se presenta como descabellada si se valora la rentabilidad en términos políticos, militares (en bajas y materiales), económicos en el plano global…

Sin duda también en un contexto electoral por las elecciones de medio mandato de noviembre.

Las monarquías del Golfo y el resto de Oriente Medio, más que concernidas y divididas entre quienes desean ir lo más lejos posible para erradicar la amenaza iraní y los que prefieren crear marcos de convivencia que permitan mantener una situación que todavía es muy favorable respecto a su lugar en el escenario geopolítico, geoeconómico y de influencia en el mundo.

Todo ello ante la evidencia de los daños y consecuencias que podrían tener momentos de tormenta perfecta en los que se combinaran los factores anteriores con el cierre del Estrecho de Ormuz, el de Bab el-Mandeb, el colapso de las exportaciones y el sufrir además del conflicto con ataques recurrentes, la guerra híbrida de Irán que igualmente incluiría todo tipo de boicots además de la desestabilización probable de toda la región con irrupción de conflictos larvados de alto riesgo, entre otras causas la que generaría la ruina económica de varios países dependientes del estatus actual.

La Comunidad Internacional ante un escenario como el citado podría asistir a otra convulsión energética y financiera de incalculables consecuencias visto que llegaría sobre la anterior, incluido de nuevo, elementos como la guerra híbrida con resultado de terrorismo, crisis digitales, boicots… y otro elemento que no puede pasarse por alto además de las obvias tensiones de terceros países empezando por China:

La Rusia de Vladimir Putin; su situación al borde del colapso y que ahora hace alto el riesgo de ataque a sus vecinos miembros de la OTAN, podría ver un muy tentador contexto en un EEUU incapacitado para gestionar otros conflictos con una crisis de suministros y materiales bélicos inevitable.

Es importante la deriva que va tomando la guerra de Ucrania, el bloqueo mutuo que se está produciendo en el Mar Negro, fundamentalmente a la exportación de cereal, puede acabar en combinación con otros problemas antes mencionados de transporte, en hambrunas y crisis humanitarias insoportables.

Volvemos de nuevo a una situación de agitación global que otra vez debe poner en guardia a una Sociedad Internacional que continúa asistiendo atónita a un cambio de orden en el que las organizaciones internacionales han sido literalmente barridas de él.

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