No creo que sea completamente inútil para contribuir a la solución de los problemas políticos distanciarse de ellos algunos momentos, situándolos en una perspectiva histórica. En esta virtual lejanía parecen los hechos esclarecerse por sí mismos y adoptar espontáneamente la postura en que mejor se revela su profunda realidad.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET

miércoles, 24 de diciembre de 2025

2026: una previsión pesimista. Por Jorge Navarro Cañada.

Normalmente los contenidos de El Polemista acaban con una imagen que los ilustra; hoy comenzaré por ella. El motivo, que 2026 será una continuidad de 2025 en lo que a su dirección de orquesta se refiere, en el quién y el cómo hace de motor principal de sus acontecimientos, no sólo en lo geopolítico, también y por extensión -incluso peor, por imitación- los provoca en buena parte.

Una consecuencia de ello: la genial caricaturista Ann Telnaes abandonaba The Washington Post en 2024 a causa de la censura que provocó el advenimiento del Trumpismo. Se trasladó a Substack y este 2025 ha ganado su segundo Pulitzer Prize for Illustrated Reporting and Commentary.

Trabajos como este, ilustran a la perfección 2025 y estarán igualmente vigentes por actuales en 2026.

En 2026 constataremos la crisis del modelo Liberal y el debilitamiento de las democracias liberales que en el retroceso democrático tendrá su mayor expresión en cuanto a la realidad política a nivel de los Estados, pero a nivel internacional el final del orden multilateral y la acción, de un lado unilateral de los EEUU de Donald Trump, pero de otro lado la reacción de otras potencias, fundamentalmente China pero también Rusia intentarán hacer lo propio en sus ámbitos de acción. En el caso chino con la particularidad de intentar ocupar los espacios que la política norteamericana deje libres como consecuencia de su proteccionismo económico y político.

Otras potencias importantes de ámbito regional como la Unión Europea, Israel, las monarquías árabes, Turquía, Brasil, Sudáfrica, Australia, Japón… inevitablemente tendrán que adaptar su política Exterior a situaciones que en lo trascendental no dependerá de ellos.

Estados Unidos cumplirá el 250º aniversario de su Independencia en su coyuntura más triste por estar poniendo en grave peligro su esencia democrática. Sometido por un autócrata sin el menor rubor a la hora de demostrarlo está en manos de un grupo de un compendio de “tecno-oligarcas”, integristas cristianos y “paleoderechistas”, ultraderechistas y “neolibertarios” de corte modernista, corporaciones armamentísticas… y sin fin de élites llamadas a socavar en lo posible la primera democracia del mundo (ya menos). A nivel interno por medio del delirio ejecutivo ajeno a cualquier consideración de respeto a los Derechos y Libertades Civiles o Constitucionales, la persecución de minorías y el amedrentamiento generalizado de toda oposición.

Tanto es así que en noviembre asistiremos a unas elecciones Legislativas que se celebrarán con graves problemas y falta de garantías de un lado, y del otro con un Ejecutivo que no se dará por enterado en caso de perderlas.

En el plano Exterior EEUU mantendrá su política arancelaria (coincidiendo con el retroceso del valor del Dólar y la pérdida en parte de su papel de valor refugio) aunque ya está generando problemas a los consumidores estadounidenses que sufren la tasa arancelaria media más alta en noventa años (la media de lo que paga por aranceles en relación con el valor total de sus importaciones). En este dato le siguen Canadá, México, Reino Unido y la Unión Europea (con importantes diferencias entre sus miembros).

Este punto económico es importante, afectará a las elecciones Legislativas, como el deterioro de los datos en materia laboral y el aumento de la Deuda USA y sus derivadas, la necesidad de adaptar las políticas fiscales al ciclo electoral en un irresponsable como Trump genera dudas. Trascendente a buen seguro será la sucesión de Jerome Powell al frente de la Reserva Federal en mayo.

Geopolítica como militarmente Donald Trump mantendrá una posición destinada a sostener su visión del mundo basada en la idea de “zonas de influencia” a pesar de las sorpresas que ello pueda deparar. Si en el continente americano impondrá un régimen de control por la vía del Estado matón, en Europa sostendrá una doble estrategia: dejar que Rusia siga hostigando y amenazando a sus democracias y al mismo tiempo obligando a los europeos a financiarle por la vía de adquisición en Defensa y Seguridad. Todo ello apoyando grupos y partidos políticos afines ideológicamente y con una actitud de absoluto desprecio y falta de respeto incluso en su integridad territorial como vemos en Groenlandia. El Ártico será uno de los actores fundamentales en la geopolítica en los próximos años, este 2026 de forma determinante.

Volviendo a América, son varios los ciclos electorales (Brasil, Colombia, Perú…) u otros procesos políticos los que podrían cambiar por completo la cara política del continente, van desde la solución de la situación venezolana a la llegada al poder en Chile de José Antonio Kast. ¡Y el Mundial de Fútbol 2026 de EEUU, México y Canadá! Promete no sólo tensiones deportivas.

El Cambio Climático y Donald Trump no se llevan bien, pero habrá cierta tensión entre la hostilidad a las energías renovables y los intentos por ajustarse a los límites en emisiones globales, un tema que seguirá dando que hablar dada la contradicción entre la evidencia y la actitud de los sectores más hostiles, fundamentalmente de la extrema Derecha y el trumpismo.

En Oriente Medio los norteamericanos dejarán que el nuevo orden establecido en 2025 con la destrucción del eje iraní siga su curso, Israel continuará en su implantación del Gran Israel con el control de la región en equilibrio con las monarquías árabes y otros aliados y quizá asistamos a algún acontecimiento que vaya visualizando una relación que en los próximos años será complicada: la Turquía neo Otomana (que este año puede perder definitivamente su condición democrática acabando con la Oposición a Erdogán) y los planes de Israel y EEUU para Siria pueden presentar complicaciones.

África continuará con su crecimiento que en principio tendría margen para los próximos años, pero el riesgo de competición por sus recursos puede agravarse ahora que EEUU aumenta su inversión y las probabilidades de choques indirectos con China y Rusia fundamentalmente, el retroceso europeo en el continente seguirá de forma irreversible. Los chinos seguirán implantando políticas de acercamiento y acuerdos con el Sur Global como marca distintiva en las relaciones internacionales. Guerras como la de Sudán o tensiones crónicas como las del Sahel no remitirán y seguirán dando malas noticias.

China es indiscutiblemente el otro gran actor, de lo que llevamos de siglo XXI, del presente y del inmediato futuro. Y lo será a todos los niveles a pesar de sus problemas demográficos, su punto débil, sus capacidades económicas, comerciales y productivas son similares o superiores a las de EEUU (la mitad de las manufacturas de 2025 son chinas), hoy es uno de los tres primeros socios de potencias económicas como la Unión Europea cuando a principio de siglo no lo era ni se le esperaba a niveles parecidos. No es un dato menor que en popularidad y simpatía ha superado en la gran parte del mundo a los norteamericanos.

Energéticamente produce el doble de energía solar y eólica que el resto del mundo, en investigación científica, incluida Inteligencia Artificial o robótica ha superado ya a los países Occidentales.

Militarmente cuenta con la mayor flota del mundo, su crecimiento en armamento nuclear es tan imparable como su producción tecnológica al respecto.

En el plano editorial el lanzamiento de Breakneck de Dan Wang ha sido sin duda un acontecimiento en 2025, se extenderá en 2026 (esperemos su aparición en España). Es un reflejo demoledor y aplastante sobre el peso del gigante asiático.

Aun así al problema demográfico se suma que China no saldrá en 2026 de su coyuntura deflacionaria y de desaceleración en su crecimiento, sin duda en el plano económico a su pugna global con los norteamericanos se suman las concretas y estratégicas como son los posibles acuerdos en materias como los semiconductores o la soja.

En materia geoestratégica las tensiones internacionales del gobierno de Xi Jinping con vecinos como Japón y su deriva militarista irán en aumento, como la solución a Taiwán que no debería precipitarse pero no es descartable.

¿Cómo afectaría un pinchazo de la burbuja de la Inteligencia Artificial? Aunque es evidente que en EEUU – no sólo- la inversión en ella oculta otros problemas que podrían estar bajo la alfombra este riesgo es sin duda, una de las mayores preocupaciones para la economía global en 2026.

Europa no va a tener un buen año, ni política, ni económicamente, tampoco socialmente.

Mientras se rearma a marchas forzadas con las imposiciones de Trump buscando formas de financiarlo, vive en el límite con Rusia padeciendo la intervención de esta a través de la guerra híbrida y la guerra de Ucrania que no se resolverá tampoco en 2026 (de llegar la paz lo hará con trampa), todos los problemas globales que van desde la Deuda desbocada, el Cambio Climático o el riesgo de estallido financiero se sumaran al ascenso de enemigos internos como la extrema Derecha. El calendario electoral comienza con las presidenciales portuguesas este enero (el no llegar a la segunda vuelta del ultra André Ventura podría ser el principio del desinflado de Chega!). Pero a buen seguro habrá sorpresas electorales y políticas de alcance. ¿Francia?

En situación diferente a priori, al menos económicamente vistas las favorables previsiones económicas está España. Sin embargo, su dependencia del contexto internacional es obvia, en ello está su mayor debilidad.

La situación española tiene en el marco político otra incógnita sumada en un ciclo electoral que amenaza con prolongarse todo 2026 y 2027 con lo paralizante que ello puede llegar a ser, incluida la imposibilidad de aprobar presupuestos un año más o de planificar elementos clave, también en   política Exterior, con ello cuestiones tan importantes como resolver el desencuentro con EEUU y sus aliados de la OTAN en materia de gasto en Defensa.

Tampoco la polarización, que al igual que en el resto de Occidente resulta un gravísimo problema para la convivencia mejorará, aunque cuestiones aparentemente menores como el fútbol, este año no lo será para los españoles y su papel en el Mundial.

En El Polemista, que este 2026 cumplirá 15 años, encontrarán todos estos temas puntualmente tratados como hasta ahora.

ÍNDICE DE EL POLEMISTA: http://elpolemista.blogspot.com/2023/12/indice-completo-de-el-polemista.html




lunes, 1 de diciembre de 2025

Esto no existe: Las denuncias falsas en violencia de género, de Juan Soto Ivars. Negacionismo, polarización y sensacionalismo.

Mientras el país parece conjurarse contra la lacra de la violencia de género, en las librerías -principalmente online- arrasa Juan Soto Ivars con Esto no existe (Ed. Debate), un libro que seguramente más tarde o más temprano se iba a escribir pero que tenía un público esperándolo. Un autor que ha hecho a imitación del fenómeno del “malismo reaccionario” toda un marca y que de forma, en este caso quizá burda, “traduce” para el público español a autores como Douglas Murray adaptándolos a la realidad del país. Soto Ivars incide en entrevistas y tertulias en una agresividad malintencionada camuflada de “incorrección gamberra” con frases del tipo “Hay mujeres que están utilizando al Estado como esbirro para maltratar a hombres”. Este caso es claro por al fin de cuentas, tratarse de una cuestión sujeta a la legislación en materia de violencia de género.

Hice reseña en su día en EL POLEMISTA: Hombres de Richard V. Reeves., y la masculinidad descontenta, un libro de alto voltaje. en el que Soto Ivars hacía el prólogo, también recientemente EL POLEMISTA: Backlash. La reacción ultra contra el avance del feminismo de Susan Faladi. La vuelta de un clásico más actual y necesario que nunca ante el retroceso de la mujer. Visto lo visto ha sido una reedición más que oportuna.

Soto Ivars comienza en Esto no existe victimizándose, advierte del riesgo de su “proeza” por la verdad y de las advertencias que ha recibido al respecto. Hoy lo argumenta en los medios mostrando las lógicas reacciones de un libro que hiere sensibilidades, el fondo la cuestión es de trazo grueso, la de género como ideología de Estado plantea a los hombres como responsables de todo lo que les pasa, mientras que las mujeres no tienen responsabilidad alguna de ninguno de sus males. La explicación: estructura, patriarcado, opresión y deuda histórica.
“No hablaré aquí de los feminismos, sino de la ideología bastarda que, nacida de sus simplificaciones, se ha convertido en la voz institucional y mediática más extendida en buena parte de Occidente. Con el feminismo, al menos, se puede discutir; no con una ideología de género que defiende sus privilegios económicos mediante el chantaje emocional, el desprecio por la lógica y la negación de la realidad.

En estas la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (2004) si bien sería un escudo para mujeres maltratadas, también sería una “espada” por quienes fingen ser víctimas. Un pacto en su día de José Luis Rodríguez Zapatero con el feminismo radical.

La clave del libro: un tercio de las denuncias por violencia de género son falsas. Si oficialmente se sostiene que las denuncias falsas en violencia de género representan apenas el 0,001% de los casos, según le han informado al autor jueces, fiscales, juristas (casi siempre anónimos por miedo, en ello se escuda el autor)… el porcentaje de estas puede oscilar entre el 20 y el 40 % del total. Advierte, es imposible saberlo porque oficialmente se niegan a dar datos reales en un “fraude de Estado”.

Entre 2006 y 2023 se presentaron 2,68 millones de denuncias por violencia de género ¡habría en torno a los 900.000 varones falsamente denunciados! Con el coste que ello implica por las ventajas civiles a la denunciante en forma de vivienda, ayudas, custodia de los hijos, y sea cual sea el resultado final para el denunciado la ruina, el desprestigio, la separación familiar, riesgo de suicidio y enfermedad…la pena de banquillo. La Fiscalía muy pocas veces actúa de oficio contra las denunciantes falsas, fomentando la reincidencia.

En torno a la maldad de estas políticas no sólo habría ideología, la maquinaria contra la violencia de género está financiando redes clientelares, el “dinero violeta” que ha hace de ello un gran negocio.

“Dinero para repartir entre las profesionales del activismo, a sumar al que reparten los Fondos Europeos, el pacto de Estado, los gobiernos autonómicos, las diputaciones, los observatorios e institutos de la mujer y las concejalías de igualdad de todos los municipios, del más pequeño al más grande, entre cualquier asociación, grupo o señora con cierta habilidad para ordeñar al Estado.

Que toda esta inversión no haga descender las violaciones, ni las muertes, ni el maltrato es algo que no parece despertar dudas en la clase política (…) Esta red produce estudios e informes manipulados, cuyos resultados concluyen que es preciso más dinero. Son las factorías de la narrativa de género, cuyas chimeneas vomitan toneladas de humo que contribuyen a emborronar la realidad.”

Esta falacia generalizada en el relato tendría excusa en un relativismo similar al que utilizarían terroristas como Boko Haram. Apunto esto porque si algo caracteriza a Esto no existe es una forma de dirigirse al lector con una mezcla de citas y apuntes de supuesta erudición con montones de ellas y ejemplos por la vía de tertulianos, humoristas o circunstancias cotidianas que hacen de la lectura algo fácil y directo para todos los públicos por la vía del sensacionalismo y que sin duda es uno de los motivos de su éxito: llega y puede convencer a cualquiera (evita entrar en explicaciones jurídicas y puede llegar al ridículo con argumentos infantiles como el que las mujeres no van a la guerra ni bajan a la mina para no ser iguales).

Soto Ivars advierte, en absoluto criminaliza a la mujer, pero juicios como este contra la ideología de género se repiten en el libro:
“… filicidios, es decir, por los asesinatos de niños a manos de sus progenitores. En este terreno, la narrativa hizo lo mismo que con la violencia de género: acuñar un concepto, «violencia vicaria», y dejar de contar todo lo que se queda fuera. La violencia vicaria no refiere el daño que un progenitor hace a los hijos para maltratar al otro, sino que se limita a un tipo de violencia de género contra la mujer cuando el padre ataca a sus hijos para destrozarla a ella. 

Lo apunto porque ayuda a entender la idea que rodea a un libro de denuncia, pero con una vocación claramente polarizadora y estereotipada. Ejemplo de ello es el abuso de casos extremos claramente excepcionales para dotarse de razón.

Ciertamente Juan Soto Ivars deja algunas propuestas:

Tipificar y perseguir las denuncias falsas como violencia de género, corregir el que la Ley española de Violencia de Género es la única en Europa que reserva una pena más alta para el hombre y que crea juzgados especiales donde solo pueden ser juzgados ellos (violencia institucional de género). Se trataría de reformar la Ley, no abolirla.

Estamos ante un libro que va a marcar el debate respecto a la violencia de género, pero sobre todo, va a ser un referente para el negacionismo y desde luego un argumentario para una Derecha que se sume en plena ola Reaccionaria en posiciones que tienen a la Mujer como elemento esencial de un ajuste de cuentas con el progreso de las últimas décadas.
Y es una pena, en el feminismo de las últimas décadas ha habido excesos que merecen un análisis sosegado y sin intencionalidad negacionista.

Juan Soto Ivars ha sabido mezclar la retórica del intelectual rebelde con la de tertuliano de programas televisivos como Cuarto Milenio de Iker Jiménez, el resultado a la vista está, ya lleva varias ediciones y será un referente para un público necesitado de argumentarios como este.

Encontrarán numerosos artículos y reseñas de temas relacionados en ÍNDICE DE EL POLEMISTA http://elpolemista.blogspot.com/2023/12/indice-completo-de-el-polemista.html